Descubrirás que la línea de ropa interior que twittea cada vez que te la pones (esa que por algún extraño motivo da calambrazos aleatoriamente y nadie hace nada para corregirlo), por algún extraño motivo, te enseña sánscrito. No directamente, claro, pero los calambrazos preparan tu cuerpo para aprender una lengua más vieja que andar pa'lante, y el esfuerzo requerido es muchísimo menor. Obviamente, compartirás este gran descubrimiento con todo el mundo. Tu ropa interior se encargará de compartirlo.
Dejarán de vender tu champú favorito en tiendas, así que te verás obligado a comprarlo de importación desde India. Sin embargo, al desempaquetarlo, verás que el envase está escrito completamente en sánscrito, y no quieres correr el riesgo de usarlo sin protección y que se te caiga el pelo o algo así. Decidirás, pues, apuntarte a un curso rápido de sánscrito, con la promesa de que tu pelo vuelva a oler a miel y anticongelante de coche. Tras un par de clases, descubrirás que el envase decía "aplicar, frotar, aclarar y repetir", así que dejarás de estudiar sánscrito. Bueno, por lo menos es una excusa para hacerte el interesante frente a desconocidos.
Te comprarás una de estas piezas de ropa interior que twittean cada vez que te la pones. No estás muy seguro de por qué, pero te parece algo imprescindible. Por desgracia el aparato fallará y meterá una descarga descomunal en tus partes íntimas, dejándote dolorido para el resto del mes. Aprovecharás este tiempo para reflexionar qué demonios le pasa al universo con tus genitales.
Si eres el gemelo malo, decidirás acabar de una vez por todas con tu hermano subiendo el voltaje de las descargas que da esa ropa interior que twittea cuando te la pones. Sin embargo, por algún motivo, esto no solo no lo matará, si no que lo hará olvidar su idioma y empezará a hablar casi exclusivamente en sánscrito. Tendrás que tomar clases de sánscrito para entenderlo. Si eres el gemelo bueno, aprenderás sánscrito de repente. Guay.
Considerarás comprar más ropa interior, pero al final resultará que ya tienes suficiente.

En un arrebato de inspiración, inventarás la ropa interior que twittea cuando te la pones. Lo que twittea depende del modelo, algunas tienen micrófono y twittean lo que dices y otras solo se encargan de asegurar en las redes sociales que eres un guarro. Sin embargo, el aparato resultará ser defectuoso y dará calambres aleatorios a todo aquel que lo use, pero como es tan barato, nadie se molestará en ponerte una demanda, así que podrás seguir añadiendo billetes a tu montaña sin miedo.

Tras uno de tus chequeos semanales en el médico descubrirás que habías sufrido un grave episodio de arritmia este mes, pero tu ropa interior, que al parecer da calambre, te ha mantenido con vida mediante pulsos eléctricos a intervalos regulares. Tras decirte que te van a tener que poner un marcapasos de verdad (a no ser que estés dispuesto a no cambiarte nunca de ropa interior), te comunican que es probable que tengas kala azar, una grave enfermedad de origen indio. Vaya, hombre.
Te encontrarás un tutorial en internet que explica cómo usar la ropa interior que twittea para aprender sánscrito. Lo harás porque no tienes nada que perder, y se te dará tan bien que acabarás haciendo un curso acelerado de sánscrito que, por algún motivo, se volverá extremadamente popular y te hará ganar mucho dinero. El truco está en tener cuidado con el sandhi.
Aprovechando el tremendo éxito de la ropa interior que da calambre y twittea, crearás una línea pirata de ropa interior que da calambre pero no twittea. Increíblemente, nadie se dará cuenta y venderás cientos de ejemplares, pero acabarás arrepintiéndote de no hacer el triple de stock.
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