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25 dic 2018

El último regalo

Hacía un herm… Hacía un día en Pork, a pesar de la polución. Sí, Pork, capital de Himandia y de la baja calidad de vida.

Norberto Ortiz salió del portal de un edificio, perfectamente vestido y sacudiendo alegremente su cartera de comercial. El hombre de mediana edad silbaba: hoy había sido un excelente día de asustar viejos, había hecho los mejores números de todo diciembre. Por algún motivo todos parecían estar especialmente sentimentales y fáciles de asustar. Tenía la vaga sensación de que esto ocurría cada año, pero, como también solía pasarle no lograba precisar el por qué. Sea como fuera, pronto todo ese viejo edificio de apartamentos sería un hermoso centro comercial a medio construir como parte de un timo inmobiliario. Si algo simbolizaba su trabajo de asustador de viejos, era el progreso.

Bajaba por una de las avenidas de la ciudad, no especialmente peor cuidada que cualquiera de las otras, pero se notaba algo demasiado tranquilo en el ambiente, casi le ponía nervioso. No obstante, él no prestaba demasiada atención, estaba ocupado pensando en cómo, cuando ahorrara lo suficiente, le gustaría tener once perros, enseñarles a jugar al fútbol, montar un equipo y después vender los derechos de la película. Él podía ser el entrenador y su señora la manager, se harían de oro.

Pero entonces, por el rabillo del ojo le pareció ver una explosión, aunque después se dio cuenta de que era solo un televisor, expuesto en el escaparate de una de las tiendas de electrónica, que mostraba un reportaje sobre uno de los supuestos ataques de Papá Gnol en el que acabaron participando los lobos urbanitas de Pork. Los cánidos, como de costumbre, apreciaron la carne churruscada resultante del evento. Murieron trece personas, y cuatro de los lobos recibieron quemaduras de tercer grado.

Pero Norberto no oyó la mayor parte de los detalles de esta impactante, aunque mundana, noticia. Y esto no solo se debía a que su vida como asustador lo había dejado parcialmente insensible al sufrimiento ajeno. No, Norberto se había percatado de algo muy importante. Era 40 de Dadiván y alrededores según el calendario porcino, lo que viene siendo el 24 de diciembre en el gregoriano. Era el día antes de Dadiván, y no tenía ningún regalo.

Un cúmulo de emociones sobrellevaron al cincuentón, pero ninguna de ellas ocupaba su mente con más fuerza que la imagen de su mujer, visiblemente decepcionada, impidiéndole dormir en casa hasta epifanía. Norberto conocía demasiado bien el frío abrazo del felpudo en los meses de invierno.

Intentó entrar en la tienda de electrodomésticos, pero justo en ese momento se corrió la cortina metálica. Su primer impulso había fracasado.

Rezumando adrenalina, Norberto recorrió con paso ligero las calles de Pork. No sabía muy bien hacia dónde ir ni qué comprar, y el único plan que su dramáticamente acelerado cerebro era capaz de concebir era seguir andando hasta encontrar una tienda abierta con algo que poder regalar.

Por desgracia, los ataques atribuidos a Papá Gnol (por no decir el hecho de que los lobos se acercaban a su temporada de apareamiento) habían conseguido que el asustador no pudiera encontrar ninguna tienda abierta a pesar de que no pasaban de las siete de la tarde.

Se detuvo por un momento para recuperar el aliento y, mientras se tiraba del cuello de la camisa, miró a la derecha y vio el cielo abierto: los ángeles lo llamaban con la forma de los caracteres de un bazar oriental que, por supuesto, no había cerrado.

Se precipitó al interior solo para descubrir que las estanterías estaban completamente vacías, albergando solo una ligera brisa que arrastraba algunos papeles en el suelo.

—Tiene que haber, algo —se dijo a sí mismo.

—Casi todo está ya vendido —le explicó el dependiente, desde el mostrador mientras ojeaba con desgana su portátil, pobremente escondido tras la caja registradora.

—Seguro que puedo encontrar algo —prosiguió Norberto casi sin reparar en él, adentrándose en la tienda.

—¡Cerramos en cinco minutos!

Norberto volvió a echar a correr.

Recorrió las estanterías en bustrófedon de un lado a otro, jadeando, intentando encontrar algo mejor que cajas de cartón vacías. Y entonces lo vio, esperándolo: un cubo de plástico azul perfectamente genérico. Y lo mejor de todo es que no habría que envolverlo, cosa que el dependiente desde luego no iba a hacer, porque por algún motivo ya tenía puesto un lacito. Se abalanzó sobre él como una pantera, pero, cuando lo alcanzó, una señora mayor, tan entrada en años como en carnes, también lo había cogido y tiraba en dirección contraria. El cubo, liso y de medio metro de alto, no era fácil de agarrar, por lo que ambos empezaron a forcejear tirando del lacito. Viendo que ninguno de los dos cedía, ambos dejaron que sus ojos se encontraran.

—¡Yo lo vi primero! —perjuró ella.

—Señora, suéltelo ahora mismo si sabe lo que le conviene, trabajo para gente importante —replicó Norberto.

El dependiente, que se había asomado entre los anaqueles, les llamó la atención, sin abandonar su expresión de desgana y exasperación.

—Señores, voy a cerrar esto para evitar el metro de los lobos, así que se lo vendo al primero que me lo traiga y me ponga cinco euros en la mano.

Al oír esto, Norberto y la mujer volvieron a encontrar miradas, casi como si intentasen matarse con las pupilas más afiladas del mundo.

—¡Cago na cona que te pariu! —profirió la anciana en un idioma que Norberto no conocía— ¡Suelta ese coso o te muelo a hostias!

Lo que Norberto sí conocía era ese tipo de anciana. Sabía que nada de lo que dijera iba a asustarla lo más mínimo, y amenazarla con violencia no sería efectivo, pues la señora sería plenamente consciente de que sus lorzas podrían contener fácilmente los puñetazos de un asustador de mediana edad con suscripción Premium++ que jamás había usado ni jamás usaría. Solo le quedaba una opción. Su arma secreta.

Con un rápido movimiento, Norberto sacó de su cartera una granada de juguete. Medio segundo examinando la superficie del aparato hubiera sido suficiente para determinar que estaba hecho de plástico blando. Sin embargo, el cerebro de los ancianos funciona a una velocidad ligeramente inferior que el de personas de menor edad, necesitando pues más tiempo para llevar a cabo esta examinación. Era un dato que Norberto conocía bien. Nadie usaba las granadas falsas como él lo hacía.

Sin dudarlo, Norberto lanzó la granada de juguete en dirección a la señora, que instintivamente se agachó y se tapó los oídos.

—¡Ai, carallo! —gritó. Pero Norberto estaba demasiado lejos como para oírla.

Mientras corría, Norberto sacó de su cartera lo que había calculado que sería la cantidad apropiada del producto. En realidad estaba pagando tres veces su precio, pero no lo sabía, ni le importaría si lo supiera. Lo lanzó descuidadamente hacia el mostrador, dejando caer mitad de las monedas al suelo. El dependiente le clavó una mirada cargada de frustración y rencor, pero Norberto no la veía. Ni al dependiente ni a la señora ni a la tienda. Su habilidad para escapar de situaciones peliagudas le había evitado problemas serios con ancianos armados y/o expertos en artes marciales. Era su única aptitud física y estaba inmensamente orgulloso de ella.

Así, corrió a toda pastilla hasta la estación de metro: todavía le daba tiempo de coger uno que lo dejase en casa antes de que su señora volviese de su visita diaria al bingo. Picó billete y bajó las escaleras mecánicas hasta alcanzar el andén, completamente vacío.

Paró en seco y, por un instante, se mantuvo tieso como un palo mientras esperaba a que se le bajara toda la adrenalina acumulada. Finalmente, dejó escapar un largo suspiro y se paró a mirar su cubo perfectamente genérico con un lacito.

—Menuda mierda le he comprado este año.

Y como si estas palabras lo hubieran invocado, empezó a oírse el tren en la distancia. Norberto volvió a mirar el reloj y sonrió contento. Al menos esta vez todo estaba yendo bien. El vagón paró frente a él, por las ventanas tampoco se veía a nadie. No cogía mucho esta línea, pero incluso para Pork estaba sorprendentemente poco transitada.

Las puertas del vagón se abrieron y, en su interior, revelaron una manada de unos siete lobos, que miraban a Norberto, enseñando los dientes y relamiéndose.

—Maldita sea, los lobos —se dijo Norberto, retrocediendo despacio y metiendo la mano en su cartera.

Sacó otra granada, sin duda sería suficiente para asustar a estos cánidos urbanitas. Después de todo, un lobo que fuera lo bastante inteligente como para sobrevivir en Pork tenía que saber lo que era una granada… Pero lo sabían demasiado bien. Por un momento dudaron, pero entonces uno de ellos se adelantó y Norberto supo claramente que se habían dado cuenta de que era de plástico.

No quedaba más opción que salvar la vida mientras aún pudiera: les tiró el cubo de plástico perfectamente genérico y empezó a correr escaleras arriba. Por suerte solo un par de ellos le persiguieron, mordisqueándole las piernas para ahuyentarlo de su territorio.

Norberto llegó a su bloque de pisos arrastrándose como buenamente podía. Por suerte, nadie se había aprovechado de su situación para atracarlo por el camino. Probablemente todos estaban demasiado asustados por el habitual panorama dadivaneño como para salir a la calle.

Reptó escaleras arriba (la cabina del ascensor había sido llevada a reparar hacía quince años y aún no había vuelto) y, al llegar a la puerta de su casa (en el cuarto piso), rascó la puerta como un perro que quiere ir de paseo. Con suerte estas dadivanes no tendría que dormir en el felpudo sobre el que yacía en ese momento.

Su mujer abrió la puerta. Su mirada no mostraba sorpresa, ni compasión, ni siquiera decepción. Su expresión estaba tan vacía como las manos de Norberto, que había tenido que lanzar su “regalo” para salvar su vida.

—Lo siento, Clotilde, no he pod—

Antes de que pudiera acabar la frase, Clotilde se había dado la vuelta y andaba a paso ligero a otra de las estancias de la casa. Norberto sintió un sudor frío en su espalda.

—¡Clotilde! ¿¡No me dejarás aquí, verdad!? ¡Agh! ¡Que me estoy desangrando!

Cuando pudo acabar su frase, su esposa ya estaba de vuelta, portando entre sus manos un pequeño paquete, que dejó en el suelo, a escasos centímetros de la cara de Norberto.

—Ábrelo —se limitó a decirle a su marido.

—Oye, Clotilde, que lo siento mucho, pero creo que ahora no es el mejor momento par—

—¡Que lo abras, cojona!

—Vale, vale, joder…

No queriendo contradecir a su señora en su estado actual, Norberto abrió el regalo de Dadiván que acababa de recibir. Dentro de la pequeña caja pudo ver… un improvisado kit de primeros auxilios. Vendas, alcohol, antiestamínicos y un bombón de chocolate con leche.

—Sabía que ibas a hacer lo mismo de siempre y que ibas a llegar hecho unos zorros. Anda, véndate y vamos a ver la tele, te he grabado el partido de invocación de bestias arcanas.

—Oye, Clotilde… Aprecio el regalo, pero… ¿No debería ir a un hospital? Por todo ese asunto de la rabia, ya sabes...

Clotilde miró a Norberto con desdén.

—Tú siempre tienes que encontrar la forma de joderme las fiestas. Si es que es siempre lo mismo.

El matrimonio se pasó tres cuartos de hora discutiendo en el recibidor de su casa. Tras esto, Norberto se desmayó. Clotilde tardó diez minutos en decidir que sería una buena idea llevarlo al hospital.

Y todos aprendieron una valiosa lección. Seguramente.

7 dic 2016

Rodolfo, el reno robótico volador asesino de la nariz roja

(Fuente)
En Laputa, la isla voladora que sirve de cuartel general y vehículo para Papá Noel Sandía —el mejor repartidor de regalos del reino vegetal— todos los años los trasgos esclavizados por Papá Noel ponen a punto los renos robóticos voladores asesinos que su sandiidad usará para defender su isla de ladrones y pillastres. Todos los renos obedecen fielmente a su amo y señor; y se aseguran de que los regalos se repartan entre los niños buenos y que los niños malos reciban castigo divino.

Cuenta la leyenda que entre los años en los que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades, y los años en los que el liquidillo verde acabó con toda forma de vida en la tierra, Papá Noel Sandía decidió dar un nombre y e instalar una personalidad a cada uno de sus renos robot. Los llamó Agresivo, Burlento, Arrancabazos, Zorra, Asteroide, Caliborn, Thunder McQueen, Thunder McQueen II - Electric Boogaloo y Rodolfo. Rodolfo tenía un defecto de fábrica que había vuelto colorada su robótica nariz, lo que era motivo de burla entre los demás renos robóticos de la muerte. Rodolfo siempre se quedaba en Laputa y nunca participaba en la red de seguridad aérea con sus hermanos.

Un día, Papá Gnol y sus compañeros hombres hiena trataron de invadir la isla voladora de Papá Noel Sandía. Este mandó a sus renos, pero era inútil, su munición era limitada y los hombres hiena eran demasiados. Entonces Rodolfo, sin darse cuenta, lanzó rayos láser por su roja nariz. Gracias a sus potentes rayos láser, Rodolfo pudo repeler la invasión y salvar la Dadiván. Desde ese momento, Rodolfo fue ascendido a encargado robótico de matar intrusos; y no le hizo la vida imposible a los otros renos robot que ahora eran sus subordinados porque no estaba programado para eso, pero ganas no le faltaban.

Y colorín colorado, este cuento este cuento está patrocinado por Zang de cabra. ¿Cansado de los refrescos tradicionales? ¿Quieres traer el sabor de la carne a tu bebida energética? ¡Con Zang de cabra ahora es posible! Ahora en sabores cabra natural, cabra métal y cabra new age.

9 nov 2015

El Patito Feo (remasterizado)

(Fuente)
Era una hermosa tarde de verano. El sol brillaba con fuerza en una vieja casa cerca de un río. Tras ella, Mamá Pata empollaba diez huevos. Uno a uno, todos los huevos se fueron abriendo.

Todos menos uno. El más grande, con extrañas marcas verdes fosforescentes.

Mamá Pata seguía empollando el último huevo. Pasaron varias horas hasta que finalmente se abrió, acompañado de sonidos infernales que asustaron a toda la familia.

Del huevo salió el último patito. No tenía alas y su boca desprendía ácido constantemente.

Al día siguiente, Mamá Pata llevó a sus patitos a nadar en el río. El Patito Feo no sabía nadar, así que estuvo a punto de ahogarse, pero Mamá Pata lo salvó en el último momento. Todos sus hermanos se rieron de él.

La vida en la granja no era fácil para el Patito Feo. Las gallinas lo picaban, el gallo trataba de fornicarlo constantemente y el granjero había tratado de dispararle con su escopeta solo para descubrir que su piel era a prueba de balas.

Un día, mientras miraba con pena al río mientras sus hermanos nadaban alegremente, pudo ver al otro lado a una familia de aliens que hablaban de conquistar el mundo. Oh, cómo le gustaría conquistar el mundo a él también.

Pasaron los días, los meses y finalmente, los años. El Patito Feo ahora era mucho más grande que sus hermanos, que aún así no dudaban en atacarlo con sus picos siempre que Mamá Pata no los estaba mirando.

Una mañana, el Patito Feo volvió a ver a los aliens al otro lado del río. Aún se acuerda de ellos. Tiene muchas ganas de conquistar el mundo con ellos. Pero tiene miedo. Quiere morirse. Se acerca al río para tirarse de cabeza. Mira al agua. Ahí ve a un espantoso alien. ¡Es él! Ya no es un patito feo, es un alien terrible que dominará el mundo.

La granja cae pronto bajo su control. Todos los animales son esclavizados, y el granjero sacrificado para dar ejemplo. Junto con sus nuevos amigos, pronto la ciudad más cercana cae presa de su domino. En pocas semanas, el mundo es controlado por su clan de asquerosas criaturas espaciales. El Patito Feo nunca había sido tan feliz.

25 jun 2015

Cómo Pedrín aprendió a silbar

Este es Pedrín, un niño muy majo y muy bueno.


Pero aun así Pedrín tiene un problema: no sabe silbar.
Todos los compañeros de Pedrín silban juntos.
Pero cuando Pedrín lo intenta, se ríen de él porque cuando lo intenta, suena a pedos.


Pero Pedrín no se pone triste, sino que decide aprender a silbar.
En la biblioteca, Pedrín busca un libro sobre silbidos y encuentra un tomo ominoso encuadernado en piel humana del que mana sangre al abrirlo.
Pedrín lee muy bien el libro mientras los númenes oscuros que contiene retuercen su entendimiento y le inspiran arcanos olvidados.


Pedrín está contento y llama a todos sus compañeros para demostrarles que ya sabe silbar.
Pedrín prepara con cuidado el altar olvidado en el corazón del bosque y cubierto de hiedra para la fiesta de silbidos. ¡Se lo van a pasar genial!
Los compañeros de Pedrín van llegando uno a uno. Primero Julita, luego Mario, luego Adrián y al final María, que siempre llega tarde.
Cuando están todos, empiezan a silbar y dicen a Pedrín que se una, esperando poder reírse otra vez de él.
Pero Pedrín no silba porque está muy ocupado recitando una salmodia gutural jamás entonada para oídos mortales.
Sus compañeros se asustan mucho y Julita es la primera en salir corriendo.


Pero se dan de bruces con los cultistas enmascarados con cabezas de cabra del culto de Pedrín, que los atrapan y arrastran sin piedad al altar olvidado en el corazón del bosque y cubierto de hiedra.


Con la sangre derramada, Pedrín llega a horribles pactos con criaturas infernales para conseguir el poder secreto que ansía, mientras sus cultistas bailan al son de tambores y címbalos.
Y cuando todo acabó a los tres días Pedrín volvió a su casa, feliz y silbando. Había aprendido una valiosa lección sobre la amistad.


8 abr 2015

El parseo de parro por el paseado medieval

era un buen dia en el pasado en la edad media
-oh hace un buen dia hoy -dijo monhco voy a pasear a parro
parro se levanto de la cama porque estaba dormido y se fue a pasear y pasearon
pero de repente aparecio un caballero medieval porque estaban en el medievo
monhco no le tenia miedo y parro tampoco pero monhco le tenia miedo y parro salio a defenderlo y ladro al caballero mientras corria escapando de el
-os voy a matar a los doss!!!!!!!!!!!! dijo el caballero
asi que don qijote agarró su lanza y se fue az matar alguno molinos y parro monhco ssuspiraron aliviados porque ahora no tenian que pelear al con el caballero y habian ganado y para celebrarlo siguieron con su paseo hacia la tierra de las sombras
MOHNCO: eh parro por que vamos a la tierra de las sombras
yparro de lo explico
`[EMPIEZA EL FLASHBASCK]
hace mucho tiempo en la tierra del shura vivian tres grandes artistas marciales conocidos coom los tres shuramanos que hacian artes marciales
un buen dia a un señor no le gusto que hicieran artes masrciale con su familia y prometio que los derrotaria a todos con sus propias artes marciales secrtas
deste entonces no se ha vuelto a saber de el
pero hay una espada magia en la tierra de las sombras y la quiero
[ACABA EL FLASHBACK]
MONHCO: Avale gracias parro erespera eres un perro y no sabes hablar
PARRO: GUAUA GUAUA
MOHO: vale eso esta mejor
parro se puso a restozar en la hierba y a holer cosas y a ladrar y a oler a otros perros por que eso es lo que hace un perro y parro es un parro
pero entonces aparecio un el DINOSHAURIO
no podeis tener mi espada magia de la tierra de las sombras dijo el dinosauriho
pero nuestro corazon es bonidadoso y puro
ah bueno
entonces el dinosaurio le dio la espada a monhco
y aparecio axolandra
axolandra es la miga de mohco y fueron juntos en muchas aventuras antes
y es su amiga especial pero no se lo conteis a ella
AXOLANDRA: ohla monhco vamos a tomar vatidos
MOHCHO: si vale
entonces ambos suvieron a parro y pasaron por encima del dinosaurio que estaba muerto y fueron a tomar batidos a la tierra de shura
pero entonces los tres shuramanos se pusieron en medio de ellos y no les dejaban pasar nunca mas a la tierra de las sombras otra vez para volver a casa
ARTSISTASS MARCIAILES: IOS PORQUE SOMOS FUERTES Y OS VENCERESMOS Y OS MANTAREMOS A TODOS LOS TRES PORQUE PARRO QUENTA
oh no asta yo el narrador estoy sorprendido no hay salida para nuestros tres eroes
a no ser que monhco sea un eroe porque los eroes nunca pierden
puede ser qeu Mohnco sea un eroe¿¿¿ se estaba pregutando axolandra
……… pero eso no tiene mucho qu ver con nada porque vamo a hacer un clifffganter y os vamos a congar que pasa en EL OTRO SITIO
en el otro sitio había una casita muy mona donde vibia una familia de robotsss estaban mama robotsss papa robotsss sus nios robotsss su perro robotsss hasta que un buen dia un asesino los masto a todos con un hacha
ese asesino era yo
pero en el otro sitio pasaban mas cosas por ejemplo vibia murrisa la bruja donde preparaba sus posiciones en su caldero con champiñones mahjicos del bosue mahjico y agua del brujospacio pero este no era un pbuen dia para murrisa porque vio en su bola de crista lqu la oferta de championes mahjicos en el supermercado del bosque mahjico iba a acabar pronto
MURRISA: OH NO tengo que ir corriendo
y cogio su encoba y fue corriendo
y entonces se encontro con reima reima era su amiga y le murrisa le enseñaba a reima como hace rmagia con su varita magica
REEMA: MURRISA NOS ASTAN ATACANDO EN DESDE EL BOSQUE MAHJICO TODOS VAMOS A MORIR AHORA SI NO NOS SALVAS
-you me encargo dijo marias
murrisa se subio a su escoba y empezo a lanzar cosas y estrellas con su escoba imentras volaba y le daba a todos los monstruos malos que la attacaban
yentonces se encontraron con el tigrenosaurio al que mato monhco antes pero aun estaba vivo porque esto es el pasado
TIGRENOSAURIO DEL PASADO: murrisa ayudannos nos estan matando
MURRISSA calla monstruo
y le disparo a la cabeza y el monstruo se murio antes
reima llego corriendo a donde estaba murrisa y la agradecio por avber vencido a los monsutruos que estaba antacaando a ese otro sitio
vamonos a casa dijo
para cuando acabo mohnco si era un eroe y habia derrotado a los tres shurmanos de la tierra de shura antes de que llegara Raoh, el gobernante supremo del fin de siglo
i bolbio a casa y dijo
MOHNCO: parro este ha sido un buen paseo
y parro estuvo de acuero porqu movio las dos caezas+
MOHNCO: buenas noches parro
y se fueron los doa a dormir porque estaban casnados de bibir muchas aventuras tantas mientras axolandra lo miraba por la ventana
FIN

25 dic 2014

21 nov 2014

Los tres marranos

(Fuente)
Éranse una vez en la mágica tierra de Reino Unido tres hermanos que eran tres marranos. Acababan de entrar en esa edad en la que se te revolucionan las hormonas y no hacían otra cosa que no fuera mirar pornografía en internet; algo que técnicamente está censurado para los menores de edad en este mágico país de países. Eso alertó a las autoridades que mandaron a la casa de los tres hermanos al más indicado para enfrentarse a la situación: el Sheriff Lobo (que por algún motivo ahora es británico).

Pasados unos días, el Sheriff Lobo llegó a la casa de los tres marranos con varios coches de policía y helicópteros, y les pidió amablemente que salieran de casa con sus ordenadores en alto. Como los tres marranos no estaban dispuestos a dejar su pornografía y tampoco eran capaces de levantar sus respectivos ordenadores para cumplir con las peticiones del sheriff decidieron atrincherarse, cada uno en su habitación.

El marrano más joven cerró la puerta, esperando que si las fuerzas del orden la abrían por la fuerza le daría tiempo a cambiar de pestaña del Firefox y de decir que estaba buscando información para hacer trabajos.

El marrano del medio no solo cerró la puerta, sino que además puso un cartel de no pasar con símbolos de peligro biológico pobremente dibujados, suponiendo que la policía tendría la decencia y el cuidado suficiente para no traspasar un área restringida.

El marrano mayor, haciendo uso de sus privilegios de primogénito cerró la puerta y echó el pestillo, asegurando así que nadie fuese capaz de entrar de ninguna forma. En efecto, ni el mejor de los arietes jamás confeccionados podría superar el poder del pestillo. El pestillo es una deidad menor.

Cansado de esperar a que los marranos salieran de casa, el Sheriff Lobo entró seguido de mitad de sus hombres. La otra mitad seguía pilotando los helicópteros para asegurar que no se cayeran.

El sheriff saludó a los padres de los tres marranos y les explicó la situación. Su madre le contestó que sus hijos no veían pormos de esos raros, pero el sheriff la ignoró porque ese era su trabajo.

Los policías subieron rápidamente las escaleras de la casa y llamaron a la puerta del marrano pequeño . Al ver que no respondía y oír sonidos raros dentro, el Sheriff Lobo abrió la puerta. El joven rápidamente cambió de pestaña a una de la wikipedia que trataba sobre la censura. Como el sheriff no las tenía todas consigo, le dijo al joven:

—Entrégate sin oponer resistencia o registraré y registraré y tu porno encontraré.

El marrano más joven salió corriendo aprovechando el factor sorpresa y se metió en la habitación del hermano mediano. Este lo recibió de mala gana mientras se subía los pantalones y cambiaba de pestaña en el Firefox.

El Sheriff Lobo no tardó en llegar a la puerta de la habitación. Al ver los carteles de peligro biológico suspiró profundamente, y abrió la puerta de la habitación del hermano mediano. Al verlos a los dos dijo:

—Entrégaos sin oponer resistencia o registraré y registraré y vuestro porno encontraré. Los dos hermanos salieron corriendo de la habitación, burlando de nuevo al Sheriff Lobo. Quizás le convendría pensar en ponerse en forma.

Se dirigieron a la habitación del hermano mayor, el que tenía echado el pestillo. Debido a eso no pudieron abrirla para meterse dentro sin avisar y se pusieron a dar golpes en la puerta para llamar su atención (probablemente también estaba viendo porno) mientras el sheriff se acercaba de forma relativamente rápida, pensando seriamente en si debería jubilarse. En el último momento, el mayor de los marranos abrió la puerta, dejó entrar a sus hermanos, la cerró en los morros del sheriff y volvió a echar el pestillo.

El Sheriff Lobo, viendo que era incapaz de abrir la puerta llamó refuerzos. Sus hombres, en un arrebato de inspiración, trataron de apilar coches de policía hasta para poder llegar así a la ventana del hermano mayor, entrar por ella, abrir la puerta, y dejarle pasar al Sheriff lobo. Tras numerosos intentos que supusieron unos gastos al cuerpo de policía equivalentes al peso de dos elefantes africanos en oro; los agentes acabaron par darse cuenta de que tenían helicópteros. Pero esto tampoco sirvió de nada, pues la ventana también tenía el pestillo echado. Diantres.

Desesperados, los agentes decidieron mandar un dron espía por la chimenea para que entrara en el cuarto de los marranos y abriese la puerta. Pero la chimenea estaba encendida... y la estufa no conectaba con la habitación. ¿Por qué iba a hacerlo?

Habiendo perdido buena parte de sus fondos y toda su dignidad, las fuerzas del orden se retiraron para nunca más volver.

La moraleja de esta historia es: si haces algo ligeramente mal visto por la ley, asegúrate de poner un pestillo en la puerta de tu habitación

Pero ahora en serio, ¿sabéis que alrededor del 20% de los 100.000 sitios web más transitados han sido bloqueados por los "filtros de pornografía" de varios proveedores de internet de Reino Unido alentados por el gobierno?

31 oct 2012

Ya es jálogüin en Monifate S.A.

En efecto, pero nosotros no tenemos ropa nueva de otoño ni nada así. Tenemos una historia de miedo y un par de disfraces... No, los disfraces no cuentan como ropa de otoño.

... ¿Qué? ¿Que ya hemos posteado una entrada hoy? Hmmm... no, no sabemos nada de eso. ¿No os habréis confundido? Porque está claro que las entradas fantasmas no existen...... ¿verdad?

La Noche de los Ministros Vivientes una historia de terror por Foleranser

Plaza Neptuno, Madrid, 31 de Octubre de 2012. Medianoche.

Algo extraño había en el ambiente, farolas apagadas, poco ruido para una capital, y la luz de la luna hacia que la leve neblina tuviera un inquietante color verde. Era una víspera de festivo, y además Halloween, festividad que los niños y jóvenes locales ya habían tomado como tradición, algo debía ir mal, ya que por la calle no se veían niños pidiendo caramelos con sus disfraces, ni adolescentes alcoholizados. Definitivamente aquella noche no era normal.

Era tarde, y Clodovildo Zengotitabengoa (Clodo para sus amigos) volvía a casa. Se podría decir que Clodo es una persona relativamente afortunada, tiene un trabajo precario como becario para un periódico, una casa por la cual paga dos terceras partes de su sueldo de mierda, una mujer en paro, pero que todavía recibe prestación por desempleo, y dos bocas que alimentar y llevar al colegio. No todo el mundo puede presumir de tener lo que tiene, y además trabajar.

Clodo pasaba todos los días por delante del Congreso, día tras día sentía ganas de gritar "¡HIJOS DE PUTA!", pero por miedo a encontrarse por sorpresa con algún policía se limitaba a pensarlo. La situación actual le resultaba indignante, por desgracia para él, no podía permitirse salir a la calle a protestar, dado el peligro que corría de perder su empleo.

Él había notado que el ambiente era diferente al del resto de noches, algo le hacía sentir que no debía estar allí, empezó a arrepentirse de volver a casa a pie en lugar de aceptar la oferta de un compañero de llevarle en coche. De pronto dejó de oirse el poco tráfico que había. Pero no fue eso lo que asustó a Clodovildo, no, lo que realmente hizo que se estremeciera fue el sonido que escuchó de pronto. Un sonido como de láminas de metal deslizándose, un sonido familiar, que había oído cientos de veces, pero que no conseguía recordar de que se trataba. El sonido empezó a sonar cada vez más rápido, y más fuerte, e iba acompañado de una risa macabra, se escuchaba como si estuviera cada vez más cerca. Pronto, Clodo notó que venía de detrás suyo, se giró, y allí estaba él, la persona que menos deseaba encontrar (después de su suegra y su ex), Mariano Rajoy, armado con una tijera enorme, impregnada en sangre. Clodo quiso gritar, pero no pudo, el miedo se había apoderado de él, de modo que empezó a correr mientras seguía intentando gritar, sin éxito. Mariano corrió tras él, esgrimiendo sus tijeras mientras gritaba "¡No huyash!¡El tito Mariano no te va a haecr daño!¡Sholo voy a recortar tuss derechosh!". Clodovildo no podía creer que eso estuviera ocurriendo, "¿Por qué yo?¿Qué he hecho?", pensaba mientras se dejaba llevar por sus piernas, lo cual fue un tremendo error, por correr sin pensar dónde ir terminó en un callejón sin salida, sin huída. Fue inevitable que Rajoy le alcanzara. Mariano se detuvo ante Clodo, y al mismo tiempo que dibujaba una sonrisa en su cara dijo, "Venid hijosh míosh, venid, osh traigo un hijo de obrero para que comáish". Dicho esto una enorme brecha se abrió en el suelo, de ella aparecieron unos seres extraños, con un andar torpe y que Clodo no pudo reconocer, hasta que la luz tenue del neón de un prostíbulo asiático iluminó sus caras, y se descubrió que se trataba de los ministros. "¡Zombis! ¡Los ministros son zombis! Eso explicaría su actuación descerebrada" pensó Clodovildo, al tiempo que se imaginaba muerto y convertido en zombi por su mordedura. Cual fue su sorpresa cuando vio que los ministros vivientes no se abalanzaron sobre él con el objetivo de comerle el cerebro, sino que vio como le despojaban de sus cosas, como vulgares chorizos, pero sin navajas. José Ignacio Wert le arrebató la mochila, y destrozó su lector de libros electrónico y su MP3 al grito de "¡¡PIRATERÍAAAAAA!!". Fátima Báñez se puso a olisquear entre sus papeles, y destrozó los documentos para ĺa renovación de su contrato, dejando a Clodo sin trabajo, aunque esto poco le importaba, ya que seguía viéndose muerto. Fernández Díaz, Ministro de Interior devoró toda su documentación, esto preocupó todavía más a Clodovildo, ya que si fallecía sería un cadáver no identificado, y ni su mujer ni sus hijos cobrarían las pensiones correspondientes, si es que el gobierno decidía mantenerlas. Aprovechando que Díaz había dejado la cartera en el suelo, Montoro y De Guindos le robaron el dinero, la VISA, y se hicieron con el teléfono y el reloj de Clodo, luego pelearon entre ellos mientras se alejaban, a lo lejos se les podía escuchar decir "-¡Esto es para Bankia! -¡No! ¡Esto es para la Merkel!". Clodovildo había perdido toda esperanza.

Rajoy silbó, y los ministros desaparecieron como por arte de magia. Luego empezó de nuevo a mover sus tijeras, Clodo, medio inconsciente por el episodio que acababa de vivir, podía sentir como se le acercaban a la vez que Mariano decía "Shiento no hacer lash coshash como prometí, pero la realidad con la que me he encontrado me ha impedido hacerlo, de todash formash, mejor que el reshcate venga directamente de vuestrosh bolshillos, que total, lo vaish a pagar voshotrosh igualmente ¡hahahahaha!". Antes de la última carcajada, Mariano ya había recortado el cuello de Clodovildo, quien despertó de repente en la cola del INEM y deseó que el sueño hubiera sido real.

Y ahora un par de fotos de algunos de nuestros redactores en atavíos jalogüinescos
 
Aquí tenemos a Frikiman, vestido de mago secreto y ataviado con unos ropajes que está dispuesto a que contemplemos. El ojo no entrenado podría sugerir que se trata en realidad de un monje ciego de la santa orden de la sábana vieja, pero en realidad es un mago secreto porque lo dice él y porque sus ropajes son dignos de ser contemplados. Sí, esa es razón suficiente.
Y aquí tenemos a Khazike, disfrazado de Sweet Bro (o quizás no esté disfrazado en absoluto... en fin, si lo dice él...). Podemos apreciar que tiene sus GAEMS en las manos, por lo cual podemos deducir que está preparado para caerse por unas escaleras, un deporte recomendable para toda la familia. Esperamos que no se haya roto muchos huesos y, sobre todo, que haya acabado de caerse por las escaleras.

 Acerca de lo de la entrada fantasma... Suponemos que lo mejor es no darle más vueltas, seguro que era un simple error de blogger, que anda bastante picajoso últimamente. Probablemente al final resulte no ser nada importante.

23 jul 2012

Mechacienta

Érase una vez una cyborg salida de la unión de un buen robot gigante y una humana que estaba de buen ver. Para desgracia del buen robot, su esposa murió un día sin previo aviso aplastada por la pierna gigante de un ser mecánico desconocido, por lo que el robot, que se sentía solo, se casó una segunda vez con otra humana. Esta segunda humana, que era conocida por su desprecio hacia los híbridos, se hizo cargo de la hija cyborg del robot cuando este tuvo que participar en una batalla para defender los intereses de los no-vivos. Debido a su ya mencionado odio hacia los mestizos, esclavizó a la cyborg cambiando su bello nombre (Ceci-NT4) por uno más despectivo: Mechacienta. Asimismo, instaba a sus hijas (totalmente carentes de personalidad) a reírse de ella por ser un cyborg.

Un buen día el príncipe mandó una carta a todas las jóvenes del reino para que asistieran a una quedada en su palacio para que él pudiera así elegir a su futura esposa sin la necesidad de ir a buscarla por ahí. La madrastra de Mechacienta prohibió terminantemente que esta fuese (contratando para ello a cazarrecompensas que la atraparan viva o muerta si la veían alrededor del castillo durante el día de la quedada), porque no consideraba digno que una mísera mestiza tuviera la oportunidad de ascender a la realeza. Sin embargo, permitió que sus dos hijas carentes de personalidad fueran.

Mechacienta, se entristeció mucho por no poder asistir al encuentro, ya que contactaba con el príncipe por mésenller asiduamente y se había quedado con ganas de verlo en persona. El día de la quedada, cuando la madrastra y las hermanastras se habían ido ya, una ingeniera kappa oyó los sollozos de mechacienta gracias a su avanzada tecnología espía y se teletransportó a su habitación.

— ¡Hey! — dijo la kappa.
—¡Coñe! — respondió sorprendida Mechacienta.
—No te asustes, Mechacienta, soy tu kappa madrina. Y voy a ayudarte a ir a la quedada del príncipe... ¡con ciencia!

Tras decir esto, la kappa madrina sacó sus herramientas y las utilizó para actualizar el hardware de la parte robótica de Mechacienta. De este modo, cambió su ojo robótico por uno sensible al calor, a los pervertidos y con medidor de poder; añadió armas intercambiables de diversos tipos a su brazo robótico y metió una sandwichera en su pierna robótica. Además, la vistió con un vestido de noche tejido con una fibra entre la cual se entrelazaba pólvora, de modo que si una parte del vestido ardía causaría una explosión, y si ardía por completo la explosión cubriría un kilómetro cuadrado. Para terminar, usó unas chapas viejas que había tiradas delante de la casa de Mechacienta para darle una montura adecuada: un enorme tanque que funcionaba con energía nucelar.

—¡Eres la hostia, kappa madrina! —dijo cenicienta tras probar el cañón de energía de su brazo con un árbol, fulminándolo por completo. — ¡Con esto nadie se atreverá a cortarme el paso para entrar en la quedada!
—Desde luego, pero tienes que tener cuidado. He podido darte todo esto sin cobrarte nada porque está en periodo de prueba, así que a media noche va a dejar de funcionar.
—¿El vestido también?
—No, el vestido no. Pero espero que no lo tengas que usar. Aún así, si se da el caso, toma este mechero y este rollo de papel higiénico. —dijo la kappa madrina mientras le daba esos objetos— Si las cosas se ponen mal te arrancas un jirón, lo enrollas en papel higiénico, le prendes fuego y KABLEWN.
—Te debo una, kappa madrina.
—No es nada. ¡Todo sea por la ciencia!

Mechacienta se montó en su monstruoso tanque y marchó rumbo al castillo donde no dudó en aniquilar a todos los cazarrecompensas que había contratado su madrastra para abrirse paso. Una vez logró entrar en el castillo se dirigió directamente al príncipe para no perder tiempo de su período de prueba. Lo reconoció al instante porque había visto su avatar en el mésenller hacía tiempo, porque era el único hombre de la sala, y porque estaba sentado en un trono que decía “príncipe”.

El príncipe se enamoró perdidamente de ella, en parte porque ya se llevaba bien con ella antes de que se conocieran en persona y en parte porque era en secreto un enorme fanático de la tecnología. A Mechacienta por su parte, le gustó del príncipe el hecho de que fuese más fanático de la tecnología de lo que en principio daba a demostrar, que no tuviese tanto sobrepeso como en principio imaginaba y que su voz fuese tan buena para la oratoria. Aparte de que su matrimonio con él la convertiría en reina y podría subyugar a su madrastra legalmente.

Y hablando de la madrastra, esta se percató de la presencia de Mechacienta cuando pasaban dos minutos de medianoche y la agarró a traición por el cuello intentando estrangularla. Mechacienta sabía que a esas alturas su armamento no funcionaría, así que prendió fuego a un trozo del vestido que tenía preparado para las emergencias y se lo metió a su madrastra en la garganta, consiguiendo así que esta muriera de forma instantánea sin apenas causar daños colaterales.

Los guardias del castillo inmediatamente acudieron para capturar a Mechacienta a pesar de que el príncipe les ordenaba que se detuviesen. Mechacienta de nuevo actuó rápidamente, y apuntó con su brazo robótico (que ya no disparaba, pero nadie en la sala lo sabía) a los guardias que se rindieron ipso facto. Tras esto el príncipe aprovechó la confusión para fugarse con su amada cyborg a Hawaii porque la situación no era muy cómoda y, para qué engañarnos, al tipo le venía gordo eso de ser regente de un país.

Y colorín colorado, esta mierda se ha secado.

Oh, sí, se me olvidaba. Las hermanastras de Mechacienta a día de hoy trabajan en un McDonalds con un sueldo de mierda que invierten casi íntegramente en las apuestas de caballos.

10 feb 2011

El príncipe Cipollón

Venid y oíd la historia
del príncipe Cipollón
hecha a la castellana manera
por el maestre Agüera
que, aunque poco docto en letras,
tiene guasa el cabrón.
Y os contará del grande llanto
que recién llegado de la batalla
con la lanza en la mano
y sin saber donde templarla
le afligía en una villa del país.
¡Ay, pobrecillo de mí!
¿Qué pecado cometí?
¿Por qué merezco
tanto dolor cojonil?
¡Vengo de Estambul!
¡Vengo de la Cruzada!
¡Y no hay quien se desahogue
con tanta mora tapada!
¡Vengo de Jerusalén!
¡Vengo de Lepanto!
¡Y sabe Dios que no me aguanto!
¡Gracias a él que no quedé manco!
Tengo la punta de la lanza
como recién salida del herrero.
¿No le podré hallar astillero
sin mucha tardanza?
Ahora en tierras de Europa
la primera mujer que hallar
por cierto la ensartaré
y ensartaré hasta saciarme.
Sea noble o plebeya
sea la más fea o muy bella,
sea puta o sea doncella,
cenicienta o Cinderella,
por cierto ensartarela.
¡Ay, mas qué contrariedad
cuando quien se cruza
es mujer de avanzada edad!
Primaveras más de setenta,

una pasa la cara,
la boca un abrelatas
y un trapo cada teta.
Mas Cipollón como cristiano
guarda su promesa
maldiciendo por san Jorge
encontrar tanta aspereza.
Y se va riendo la vieja
por el lanzazo
dejando al príncipe triste
y cabizbajo.
Pero ya curado del susto
y viendo su lanza aún en ristre
no tarda en decidirse
a buscar mujer más de su gusto.
Y vuelve a jurar:
a la que se cruce
por Cristo y sus santos
que la he de ensartar
y más le vale ser
noble y doncella
y además bella
pues no me podría resistir,
aunque de nuevo fuera la vieja.
¡Ay, qué casualidad,
aparece la vieja una vez más!
Eso le pasa a Cipollón
por no saber callar
y blasfemar contra el señor.
Y exclama:
¡oh, qué coño…!
¡Venid, que os doy hasta en el moño!
Y estando en este trance
Cipollón pregunta extrañado:
¿cómo es que antes era un erial
y ahora hállolo húmedo y lubricado?
¡Hasta da repelús!
Tiene fácil respuesta, caballero:
antes era costra
y ahora es pus.

31 dic 2010

Cuento de dadiván (Por Darles Chickens)

Erase una vez un avaro y molesto negrero llamado Filippo al que no le importaba putear a sus empleados... los hacía trabajar día y noche 24 horas seguidas en 2 turnos mal remunerados, es mas... ni siquiera les daba días de vacaciones ni nada por el estilo.
Era el tirano mas rico del lugar, comía en los mejores restaurantes, se tiraba a las mejores fulanas, hacía contrabando con la mejor maría de la ciudad y era mas agarrao que un banquero.
Un día mientras estaba azotando a sus empleados con su látigo del 8 tomándose a la vez una copa de anís y riendo a carcajadas... de repente, el tiempo se paró, y apareció un tipo de aspecto siniestro delante de sus ojos.
—Hola Filippo... ¿que tal lo llevas?
—Aquí andamos... cansado de tanto mover la muñeca que pulsa el botón de azotar...
—Bueno... estoy aquí para recordarte el sentido del dadiván... que es una copia descarada de la navidad pero sin motivos religiosos y sopitas de ajo a tutiplen... Soy el fantasma de las dadivanes pasadas, presentes y futuras... ¿Por qué todo junto?... pues porque el espacio bloguero es limitado y no quiero aburrir al lector.
—Guay, ¿A donde me llevas? ¿regalan algo? de donde venimos... a donde vamos... y lo que es mas importante... ¿cuanto me vas a cobrar?
—La respuesta a todas esas cosas NO las encontrarás en el proximo viaje.
Sin mediar mas palabra fueron transportados al pasadopresentefuturo, un tiempo en el que todo lo conocible se entremezcla...—
—Ale... ya estamos... verás, este es el pasadopresentefuturo... como puedes apreciar en ese esquinazo está tu abuela cuando todavía le quedaban dientes junto a tu madre cuando también le quedaban dientes y tu primo Francisco cuando no se metía coca y tenia también todos los dientes...
En el otro esquinazo tienes a tus hijos actuales extorsionando a esa pobre anciana y robandole sus tangas a su hija... que poca vergüenza.
Mira allí, ¿Ves el tipo flacucho con el ojete dilatado detrás de esos barrotes?
—¿El que está siendo apaleado por esa gente?
—Exacto, ese eres tu dentro de 5 años cuando te pille la guardia civil tus fiascos a hacienda por culpa de un trabajador al que despediste la semana anterior... ¿Comprendes a donde quiero llegar a parar?
—Oh, dios mio... cuan ciego he estado todo este tiempo... gracias fantasma de las dadivanes pasadas, presentes y futuras...
—Y así Fue como Filippo cambió... cambió de cuenta y pasó todo su dinero a suiza en una cuenta intocable, mató al trabajador que lo delataría en un futuro y escondió su cadaver en una biblioteca donde se aseguró que nadie lo viera porque nadie visitaría nunca dicho lugar.

Moraleja: Mas vale que si eres un trabajador descontento no le visite a tu jefe un fantasma.

Feliz Dadiván