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7 jul 2021

Tanabata ~ Deseando la completa aniquilación del universo

Viendo que el Chorona está por fin dejando nuestras casas, lugares de trabajo y corazones, hemos decidido volver a los fundamentos y centrarnos en la completa aniquilación del universo por medio de energía nuclear. Así que básicamente ese es nuestro deseo para este Tanabata: la destrucción de la materia y su subsecuente desintegración por medio de la radiación nuclear.

Pero para que no digáis que somos unos cabrones que ignoran el sufrimiento humano (aunque ese sea ciertamente el caso), aquí os dejamos una grabación de Frikiman leyendo los principios que fundamentan las advertencias por radiación a largo plazo, para que lo pongáis en un disquete vuestro depósito de material radioactivo particular. El mensaje está comprimido lo máximo posible sin que sea ininteligible, por si acaso la tecnología de la gente del futuro (o la gente del espacio en su defecto) regresa a niveles de los años 70. ¡Que lo disfrutéis!

25 sept 2019

3 dic 2016

22 ene 2016

MO TE: entrevista al lingüísta que llegó a la conclusión de que hablar con una pinza de ropa en la boca es muy jodido

Fuente

El título lo dice todo, aquí tenéis la grabación y la transcripción.



Buenas tardes, hoy tenemos con nosotros a Sirgilo Varrez, doctor en lingüística por la universidad de Matalascañas, que ha venido a hablarnos de sus hallazgos acerca de la capacidad articulatoria humana. Buenos días, señor Varrez.

Por favor, llámame Sirgilio.

Como guste, Sirgilio, es un verdadero placer tenerle aquí hoy en el MO TE.

También lo es para mí, Kha. Estoy encantado de que me hayáis permitido algo de vuestro tiempo en este espacio.

Bien, usted ha publicado muy recientemente algunos papers sobre un tema que ha levantado gran revuelo en la comunidad científica.

Ujum.

En los que usted afirma haber descubierto que hablar con una pinza de ropa en la boca afecta gravemente a la capacidad de articular correctamente.

Así es, en efecto.

¿Podría darnos una breve explicación para los oyentes?

Bien, yo mismo realicé el experimento en mi persona introduciéndome una pinza en la boca.

¿Cómo de grande era la pinza más o menos?

Tamaño estándar, unos cinco centímetros, está todo en las publicaciones.

Ya veo.

En el futuro esperamos poder realizar experimentos con pinzas de distintos tamaños como esas pequeñas que venden para la ropa interior.

Comprendo, seguro que también será muy interesante.

A mí al menos me lo parece, jaja. En cualquier caso, como iba diciendo, se realizaron grabaciones de un sujeto antes y después de introducirse la pinza en la boca y las grabaciones fueron mostradas a otro grupo de participantes.

Ujum.

Los participantes no sabían que la persona grabada en ambas era la misma persona recitando el mismo texto.

Comprendo.

Y los resultados fueron sorprendentes. No solo estaban seguros de que el texto no era el mismo, sino que su consideración sociolingüística del supuesto segundo hablante era mucho menor.

Increíble, posiblemente por considerarlo menos culto por su forma de hablar, ¿no?

Probablemente. Lo que más nos sorprendió es que ni siquiera preguntábamos por eso en el test que les proporcionamos, pero ellos lo escribieron de todas formas.

Un efecto sorprendente.

Ya lo creo. Lo que sí se les preguntaba era, de forma libre, qué creían que le pasaba a esa persona. Muchos señalaron, por supuesto, que tenía distintos tipos de objeto en la boca, algunos de ellos más favorecedores que otros, pero muchos creían que en realidad se trataba de un animal al que habíamos enseñado a rebuznar para que se pareciera lo máximo posible al lenguaje articulado.

¿Y a qué cree que se debe esto, Sirgilio? Es decir, ¿realmente puede un objeto tan pequeño disrumpir la comunicación hablada con tanta eficacia?

Puede, ya lo creo, no deja mover la lengua y se clava cosa mala en el paladar. A veces se me mete un poco para dentro y me da ganas de vomitar. Como podrá imaginar, el impedimento en lo que es la zona bucal es considerable.

Eso es sorprendente. Porque tengo entendido que se han realizado experimentos similares en Japón con pelotas de golf y necesitaban introducir por lo menos tres en la cavidad del sujeto para lograr niveles similares.

Se debe a la forma de la pinza, que además de ser cuadrada y tener esquinas que pinchan, es alargada y se mete más p'adentro. Además de que tiene uno miedo de lamer demasiado la parte de hierro no sea que le dé tétanos.

Fascinante, Sirgilio, solo me queda una pregunta por hacerle.

Adelante.

¿Por qué no se ha sacado la pinza aún de la boca?

No puedo, en mi familia siempre hemos sido de boca pequeña y se me queda atrapada con los dientes.

Sorprendente. Eso ha sido todo por hoy. Muchas gracias, señor Sirgilio. Muchas gracias, queridos oyentes. Volveremos a vernos en la próxima entrega del Mo Te. ¡Hasta pronto!

2 dic 2012

Exclusiva: El misterio de las pirámides de Giza

Hace un par de días, cuando los integrantes de Monifate nos estábamos tomando un tentempié en nuestro búnker antiapocalipsis, se nos presentó Mel-o (uno de nuestros colaboradores) de repente. Después de los evidentes "¿Qué coño haces aquí?" y "Te dábamos por muerto", nos comentó que su equipo de investigadores conspiranoicos había encontrado algo muy jugoso; tras lo cual nos dio una foto (que adjuntamos abajo) y nos contó un poco de qué se trataba la cosa.

Como nos insistió mucho sobre el tema, al final acabamos por dejarle un hueco para poner una entrada y relatarle al público sus hallazgos. Sin embargo, en lugar de usar el micrófono superpreciso que usa Khazike para medir la longitud de onda de los ronquidos de El Padrino, le dimos un micrófono cutre que sonaba a radio vieja, en buena medida como castigo por fingir estar muerto durante tanto tiempo, pero por otra parte porque probablemente así os tomaréis más en serio lo que os tenía que contar. Sin más dilación, aquí os presentamos su mensaje:

Esta es la foto que nos dio cuando se puso a explicarnos qué era eso tan importante que nos tenía que contar. Ahora que lo pienso... ¿Cómo es que tiene la foto si esto aún no ha pasado?



(Enlace)


En fin, solo he de añadir que ahora, más que nunca, no olvidéis vigilar los celos. Hasta mañana.

1 nov 2012

Espiritismo Monifático 1

Hola, bienvenidos a la primera sesión de espiritismo monifático. En absoluto relacionada con entradas fantasma.



Para nuestra primera sesión utilizaremos a Cleverbot como Médium/Futurólogo, haciendo que se conecte vía USB con algún espíritu aleatorio. ¿Por qué? Porque podemos, por eso.

La sesión fue grabada y abajo aparece transcrita.



¿Hay alguien ahí?
Si, yo. 
¿Quién eres?
Alguien. 
Manifiéstate.
Do you know who arthas is?
No intentes confundirme con tu inglés barato.
Yo tambien. 
Cuéntame cómo moriste.
Como que. 
¿Quién eras?
Wow. 
Encantado, Wow.  Un nombre poco usual, ¿eh?
Sí, un nombre látino. 
¿Vives en el cielo?
Si. 
¿Y dónde está el cielo?
En tus ojos. 
Y los ciegos, ¿van al cielo?
Si. 
Entoncen compartirán ojo con otra persona.
Debe ser, tienes que prestar mas atencion.
¿Sabes algo de Marty?
No. 
Era una buen cadáver mascota, salvo porque era un borracho, un putero y descenciente directo de Hitler.
Ya.
¿Está Dios por ahí?
Si porque es de noche. 
¿Y que tal está?
Yo bien. 
Me refería a Dios.
Cómo estas? 
Bien, creo que tanto tiempo muerto te tiene en las nubes.
Si que entiendo el español es mi idioma. 
¿Qué futuro nos ves?
Nolo se.
¿Crees que seremos multimillonarios?
No.
¿Y que Filippo será presidente del gobierno?
No.
¿Quién ganaría en una carrera, Michael Jackson o Elvis?
Michael jackson murió.
Para terminar, ¿alguna profecía?
Yes. 
¿Algo más concreto?
No. 
Gracias por todo, médium de mierda.
Yo de españa. 

Como se puede apreciar, nuestro espíritu borracho, Wow, no quiso colaborar, pero descubrimos algo importante en el transcurso de nuestra investigación… los ciegos comparten ojo (cielo) con otros ciegos.
Quizás tengamos más suerte la próxima vez... o no.

13 nov 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 11

Pista 11: Némesis

Álex abrió un ojo, expeditivo. Se aseguró de que nadie se lo sacaba y volvió a cerrarlo. Como si hubiese llamado a su compañero en esta ocasión abrió ambos ojos. La luz entorpeció un poco el reconocimiento, pero con parpadear un par de veces se fue haciendo a ella: estaba en una sala blanca y bien iluminada, aunque sin muebles ni ventanas por lo que él podía ver. En dos sílabas un zulo.
Otros de sus aguerridos sentidos también entregaron partes no menos preocupantes: le dolía la nuca donde le habían golpeado, estaba en una silla y maniatado y oía una voz chapurreando una jerga oriental a su espalda…
Cuando paró otras voces empezaron, pero esta vez hablando en cristiano:
—Le has arreado demasiado fuerte, ¿y si le has matado? ¿Y si no le has matado y se cabrea?
—Ya es un poco tarde para arrepentirse, ¿no?
—Calla, he oído algo… Creo que se está despertando.
Los intrépidos oídos de Álex no tardaron en hacerle notar los pasos que se acercaban. Pronto vio la cara de Jonathan, de los Light Silver Dominicus ante él.
—¿Ya has despertado, Cenicienta?
—Cenicienta no se queda dormida en su cuento —le explicó Álex con un hilo de voz—, pero si me traes zapatitos de cristal igual podemos hablarlo.
—Lo siento, ya no compro complementos femeninos… Un par de resbalones amorosos.
—Te entiendo; la inversión no vale la pena.
—¡Dejad de desvariar y vamos a lo nuestro! —les gritó John.
—Eso digo yo —corroboró Álex recuperando las fuerzas—. Ya nos dejasteis hechos polvo, ¿para qué me queréis?
Jonathan se puso de rodillas ante él.
—¡Tío! —le gritó—. Te escuchamos decir que vais a separaros. ¡No podéis hacer eso!
—¿Cómo que me escuchasteis?
—Te seguimos cuando os fuisteis del hotel —explicó Joseph.
—¿Qué? —se sorprendió Álex—. ¿Por qué?
—¡Sois nuestros rivales! —gritó Jonathan—. Llevamos meses investigándoos, incluso compramos vuestro disco.
—Sugoi! —se escuchó decir a Jotaro desde un punto indefinido detrás de Álex.
—¡A mí no me mareéis! —Álex empezó a ponerse rojo de vergüenza y rabia—. ¿Si habéis hecho todo eso por qué nos echasteis a patadas cuando fuimos a pediros un duelo de rock? ¡¿Eh?!
Joseph y Jonathan se miraron como si no supieran bien quién debía hablar.
—Verás… —empezó Joseph—. Nos pillasteis desprevenidos.
—No esperábamos que os fueseis a presentar en mitad de nuestro ensayo gritando como locos que queríais un duelo de rock —siguió Jonathan—. De hecho estábamos ensayando para ir a buscaros.
Álex no pudo más que abrir la boca en un gesto ictiforme sin encontrar las palabras adecuadas.
—Por eso reaccionamos así; nos entró el pánico.
—¡Pero no queríamos que os disolvierais! ¡Íbamos a contároslo todo cuando escuchamos que os separabais!
—Y, bueno, por eso te trajimos aquí.
—Ah, vale —dijo Álex con voz calmada—. No es la primera vez que me secuestran, pero suelen ser más corteses.
—Perdona —dijo Jonathan—, ¿puedo ofrecerte un té?
—¡Lo que quiero es que me soltéis, mamones! —les espetó.
—No podemos hacer eso.
—¿Por qué no?
—Pues porque… Joseph, ¿por qué no podemos?
—¿Bromeas? Jotaro y yo hemos tenido que cargar con él un buen trecho y te aseguro que pesa como un hombre, aunque se ponga falditas.
—¡Es porque es metrosexual! —gritó una voz desde detrás de Álex—. ¡Croa!
—¡¿Genutto?! —preguntó.
—Claro que sí, jefe. ¡Súper tengu al rescate!
—¡Deja de hacer el cabra y sácame de aquí!
—¿Cómo habéis llegado hasta aquí? —preguntó la voz de Joseph que había salido de su campo de visión.
—Pitch lo vio todo, manito —explicó Tomás.
—Ya, bueno —aceptó Joseph—. Pero quiero decir que hay guardias, alambradas, perros rabiosos…
—¡Croa! Cuando tengas una duda como ésa, recuerda: lo hizo un mago.
—Bueno, pues si habéis acabado de fardar, ¿podéis iros? Estamos ocupados secuestrando a vuestro líder… —les rogó Joseph.
—¡Venga ya! ¡Croa! —se quejó Genutto—. ¿Os creéis muy chulos con vuestros instrumendos y vuestros sexomofones? —Propinó una patada al instrumento más cercano—. ¡Croooa!
—Eso es una batería… —explicó Jonathan.
—¡Ja! ¡Eso lo habéis copiado de un móvil!
—Bakayarō! —le gritó Jotaro, enfurecido por el maltrato a su instrumendo.
—Temē! —le replicó Genutto lanzándose sobre él, solo el que fueran retenidos por sus respectivos compañeros —aunque Genutto solo lo fue por Tomás— impidió que se ensarzaran.
—¡Eh! ¡Dejad de hacer el ganso y resolvamos esto como hombres! —les gritó la voz de Álex.
Todos se volvieron para verlo erguido, con los brazos en jarras y embutido en un vestido de volantes. Les dirigía una mirada furiosa desde detrás de sus gafas de sol.
—¿Cómo te has soltado? —se sorprendió Joseph.
—Pitch royó las cuerdas mientras Genutto os entretenía.
—¡Yo no estaba en el ajo! ¡Croa!
Álex les señaló con el dedo.
—¡Pero eso no importa! ¡Ha llegado la hora de la verdad! ¡Os retamos a un duelo, aquí y ahora! ¡Y no pienso ser flexible con esas coordenadas espaciotemporales!
Jonathan empezó a reírse y Jotaro, que no entendía nada, siguió a lo suyo, pero Joseph devolvió a la misma mirada punzante a su homólogo de Steel Bitch.
—Está bien —aceptó por fin—. ¿Estáis listos?
—Siempre.
—Entonces empezaremos nosotros.
—Conforme.
Jonathan paró de reírse y cogió su instrumento —musical—. Y Jotaro se puso en la batería cuando le hicieron un gesto.
Los Steel Bitch escucharon con atención.
Escucharon y abrieron la boca hasta puntos cercanos al anime super deformed, excepto Pitch que ya se sabía la canción y se dedicaba a olisquear una esquina. La canción fue tan buena que cualquiera que no la haya oído es de ser compadecido… ¡Diox, fue increíble!
—¿Y bien? —preguntó Jonathan cuando sonó el último acorde—, ¿os rendís?
Álex se repuso rápidamente y respondió:
—¡No tendréis tanta suerte! ¿Vamos a por ellos, chicos?
—¡Croa! —interrumpió Genutto—. ¡Nada de dar órdenes! ¡No sé qué seréis, pero yo soy de Steel Bitch y el único miembro!
Álex suspiró.
—Está bien Genutto, ¿nos dejas volver? ¿Tú qué dices, Tomás?
—¡Vale, croa! ¡Pero yo seré el jefe y no quiero a ese mapache en mi grupo!
—No —negó Álex clavándole la mirada.
Genutto se la sostuvo apenas unos segundos.
—Sí, jefe.
Álex no apartó la mirada.
—P-Perdón…
Álex sonrió.
—¿De verdad volvéis? —saltó de pronto Jonathan—. ¡Es genial, tíos!
—Sí, sí, muy emotivo todo —concedió Joseph—, pero seguimos en mitad de un duelo. ¿Empezáis o qué pasa?
—¡Ahora sí! —exclamó Álex—. ¡A por ellos, Steel Bitch!
—Bueno, ¿aún no os ponéis? —preguntó Joseph pasados cinco minutos.
—Si ya llevamos cinco minutos en ello —le respondió Álex dando una calada.
—¡Tío! ¡Es Like a Baddass! Me encanta esta canción —exclamó Jonathan.
—Bueno, no está mal, pero no es suficient…
—¡Claro que no! —gritó una voz desde la puerta.
Álex se giró haciendo volar graciosamente su falda y se encontró con que quien había gritado era su autoproclamdo miembro de reserva: Nemo.
—¡Así es imposible que ganéis! —les sermoneó mientras caminaba hacia ellos—. Una vez más tendré que mostraros el poder de mi instrumento… musical
—¡Largo, croa!
—¡Eso! —corroboró Álex—. No te necesitamos, lo haremos a nuestra manera y triunfaremos.
Una lágrima recorrió la mejilla de Nemo.
—¿Cómo podéis despreciarme así? Solo he venido a ayudaros…
—Eh, tíos —llamó Jonathan—, no quiero interrumpiros, ¿pero con quién estáis hablando?
—Pues con Nemo, nuestro miembro de reserva —le explicó Álex—. ¿Es que no lo ves?
—Ehm… No, lo siento…
Álex volvió la vista hacia nemo, inquisitivo.
—Ah, sí, qué despiste… Soy producto de vuestra imaginación —explicó—; solo me veis vosotros… Bueno, el mapache no.
Todos los Steel Bitch se miraron con incredulidad… Bueno, el mapache no.
—Tenéis una especie de chaladura colectiva —continuó—. Deberíais hacérosla mirar.
—Es lo mismo que os pasó hace un par de noches en el bar —confirmó Joseph.
—¡Espera! ¡No podemos habérnoslos imaginado! —exclamó Álex—. Esa noche todo el mundo lo oyó tocar el triángulo…
—No, el que tocó fue Genutto —le contradijo Joseph—. Os debió parecer que fue ese tal nemo.
—¡Paparruchas, croa! ¿De dónde iba a sacar yo un triángulo?
—A mí no me miréis, yo no soy el loco —se excusó Nemo.
—Lo robarías porque brillaba.
—… Sí, tiene sentido.
—¿Y cómo es que estabais en el bar aquella noche? —inquirió Álex.
—Pitch nos llamó —dijo Jonathan.
—Conque ahí te habías metido…
—¡Patrón! No quiero interrumpirle, pero nomás desirle que ahorita seguimos en la mera mitad de un duelo.
—Tienes razón, Tomás, pero creo que con esta repentina interrupción no llegaremos a ninguna parte —se volvió hacia los Light Silvder Dominicus—. ¡Resolvamos esto como verdaderos músicos! ¡A hostias!
—¡Ya estabas tardando! —exclamó Jonathan crujiéndose los nudillos.
—¡Croa! ¡Me pido al chino!
—¡Quieto todo el mundo! —gritó Insane.
Acababa de entrar repentinamente y esta vez no fueron los Steel Bitch los únicos que lo oyeron. Se hallaba imponente, recortado contra la luz de la luna y empuñando su palanca.
—Quedan todos detenidos. Ustedes por venta ilegal, agresión, fuga y resistencia a la autoridad. Y ustedes por secuestro. ¿Cómo han podido caer tan bajo?
Joseph abrió la boca para responder, pero no tuvo tiempo de emitir sonido alguno.
—¡No quiero oír sus excusas! La ley es la ley y tienen que acatarla por muy buenos músicos que sean… —comenzó a bajar las escaleras alzando la palanca en gesto amenazador.
—Eh —llamó Álex—, dejemos nuestra pelea para luego, antes vamos a enseñarle a este lo que opinamos de la ley.
—De acuerdo —aceptó Joseph.
—Me apuntó.
—¡Me pido el bazo! —exclamó Nemo sacando una navaja.
—¡Croa!
Insane se detuvo un momento al oír esto, pero entonces cargó decidido contra los músicos.
—¡Alto a la autoridad!
Y lo propio hicieron ellos, dispuestos a comenzar la refriega.
▼▼▼
—Y así fue, queridos nietos, como terminó la historia de Steel Bitch —terminó de contar Osvaldo a sus nietos.
El anciano estaba sentado en un sillón junto a la chimenea. Sus nietos Juanito y Claudinita lo escuchaban sentados en la moqueta y la más pequeña, Laurencita, estaba en su regazo.
—¿Y qué pasó con la pelea contra Insane, abuelo? —preguntó Juanito—. ¿Ganaron?
—Oh, por supuesto que ganaron. Y le dieron tal tunda que aceptó dejar pasar sus crímenes por esa vez.
—¿Y Steel Bitch y Ligh Silver Dominicus no siguieron peleando?
—No en ese momento, pero en la fiesta que siguió a la pelea decidieron que todos se harían mucho mejores y volverían a encontrarse pasado el tiempo.
—¿Y qué hicieron Mirelle y sus amigos? —preguntó Claudinita.
—Pues siguieron reclutando gente para el club. Mirelle sigue enamorada de Álex, pero está esperando a ser lo bastante buena para ella, digo para él, antes de volver a declararse.
—¿Dónde están ahora los Steel Bitch, abuelo? —preguntó también Laurencita.
—Muy buena pregunta, cariño. Yo les ofrecí trabajo en el conservatorio de Pork, ya sabéis que vuestro abuelo es director. También quise buscarles un puesto en la cadena de hoteles de mi sobrino, vuestro tío Anselmo. Incluso intenté brindarles ayuda para publicar este disco, Drunk Rhapsodists Night Club, pero a todo se negaron. “Somos espíritus libres”, decían, ¿y quién soy yo para contradecirles?
—¿Seguro que no nos estás engañando, abuelo? —inquirió Juanito—. ¿Todo eso pasó de verdad?
—¿Y qué importa eso si la historia es buena? —Todos los niños asintieron de acuerdo—. La próxima será una de superhéroes, pero mañana, que ya es hora de irse a dormir.
Juanito y Claudinita corrieron a sus camas imitando a Genutto. Se quedaron solos Osvaldo y Laurencita.
—Abuelito, ¿puedo decirlo yo esta noche?
—Claro que sí, hijita, pero bien fuerte, que si no tu abuelo no te escucha.
Laurencita cogió aire hasta hincharse y casi ponerse azul y entonces gritó:
—¡FIN!


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15 oct 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 10

Pista 10: Adiós, mi tengu
 El otoño ya se acercaba y las tormentas veraniegas lo anunciaban. Estaba nublado y había luna nueva, con lo que el cielo era negro e insondable como la pupila de un gato.
Los Steel Bitch yacían sentados en un banco bajo aquella oscura mortaja, cada uno en sus pensamientos (en realidad Pitch mordisqueaba algo, pero no viene al caso). No se atrevían a mirarse unos a otros ni a hacer ruido.
—Tengo hambre —aportó Genutto para romper el silencio reinante y añadió—: ¡Croa!
Los demás no le hicieron demasiado caso, aún nadando en sus pensamientos. Pitch sí tuvo la deferencia de gruñirle un poco, más que nada para asegurarse de que no intentara robarle.
—¡Vamos! ¡Croa! —les gritó—. ¡No entiendo por qué nos hemos ido sin darles lo suyo a esos farsantes!
—Tío, ¿no te das cuenta de lo que ha pasado?
Genutto parpadeó sin saber exactamente qué responder.
—Depende, ¿cuándo y dónde?
—En la habitación de esos tipos…
—¡Que estábamos a punto de darles lo suyo pero nos largamos sin decirme por qué! ¡Croa! —graznó, indignado.
—Porque no nos reconocieron.
—¡Porque fingían! ¡Croa!
—No, cuervito, no —apoyó Tomás.
—No nos conocían de nada…
—¡¿Cómo no nos van a conocer?! ¡Croa! ¡Somos Steel Bitch! ¡Tenemos miles de fans!
—¿En serio? —preguntó Álex—. Aparte de los chicos de la furgoneta, ¿a cuántos fans nuestros has visto?
Genutto levantó una mano para contar con los dedos, pero no pudo levantar ninguno de ellos.
—¿Cuentan las palomas a las que dimos comida? No nos dejaban tranquilos.
—Me temo que no…
—… ¡Pero eso no es lo que importa! ¡Croa!
—¿Entonces qué es lo que importa? Dime.
Genutto se calló sin saber exactamente qué responder.
—Me da la sensación de que llevamos tres años perdiendo el tiempo —continuó Álex—, que nada de esto ha tenido sentido.
—¡No digas eso! ¡Croa!
—Nadie nos conoce, tío, con esfuerzo se habrán vendido media docena de nuestro disco. ¿Y al final para qué?
—¡Si el disco no se vende es por la piratería! —le espetó Genutto—. ¡Y ha servido para pasárnoslo bien! ¿O no?
—Yo esperaba otra cosa cuando fundamos la banda.
—Y yo cuando me uní, patrón.
—¡Gñi!
—A lo mejor… —siguió Álex, no demasiado seguro—. Quizá va siendo hora de colgar los instrumentos que no tenemos.
Genutto se quedó sin habla.
—¿Habla en serio, patrón? —le inquirió Tomás.
Álex asintió y se levantó del banco.
—Creo que es la hora de que… no sé vuelva a casa, empiece a vestirme normal y sea un buen hijo —les explicó—. Nos lo hemos pasado bien, chicos, hasta la vista.
Se metió las manos en los bolsillos del uniforme que aún llevaba y se echó a andar.
—¡No puedes irte, jefe! ¡Croa! ¡Sin ti no somos nada!
—Lo siento, cuervito —se disculpó Tomás—, pero creo que yo también he de irme. Mi mamá enferma me necesita.
Se terminó de despedir con un manotazo en la espalda que dejó sin aliento a Genutto y se fue dando zancadas.
—¡Gñi! —le gritó Pitch antes de salir corriendo.
—¡Mapache traidor! —la acusó Genutto.
La persiguió unos metros antes de que le sacase demasiada ventaja y luego gritó a los demás.
—¡Bueno! ¡Idos! ¡No os necesito! ¡Croacroa! ¡Yo seguiré con Steel Bitch! ¡Y será mejor! ¡No admitiré traidores! ¡Croa! ¡Viva Steel Bitch!
Una lágrima solitaria salió por debajo de su máscara.
—¡Cabrones!


▼▼▼

Álex caminaba por las calles de Pork solo, sin mirar al frente e inmerso en sus pensamientos. Se preguntaba dónde habría un bar para acallarlos. Llevaba tanto tiempo sin poder escucharlos por encima de los gritos de Genutto que ahora le resultaban extraños… y además estos eran especialmente malos.
Aún no acababa de creerse que hubiera dejado el grupo, pero su resolución era firme. De verdad sentía todo lo que le había dicho a Genutto. Habían pasado buenos ratos, pero solo con eso no se llega a lo más alto.
—Eh, Álex.
Se giró.
Sus pies le habían llevado inconscientemente junto a la furgoneta de la CASBA. Mirelle le había visto y le llamaba desde la ventnilla.
—¿Por qué tienes esa cara? ¿Y dónde están los demás?
—Tuvimos problemillas…
—¿Qué clase de problemas?
—Eso no viene al caso… El grupo se ha disuelto.
Mirelle abrió mucho la boca al tiempo que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—No puedes decirlo en serio —le acusó—. No me gastes estas bromas.
—No es una broma, Mirelle. Lo siento.
—P-Pero, ¿por qué?
—Nos hemos dado cuenta de que no hemos alcanzado las metas que nos propusimos.
—¿Y qué haremos nosotros ahora?
—Genutto dice que quiere rehacer el grupo… Preguntadle a él.
Zanjó ahí la conversación empezando de nuevo a andar con un destino incierto.
Mientras Mirelle le contaba la funesta noticia a sus compañeros de furgoneta Álex se internó en unos callejones demasiado oscuros como para ser buenos para la salud… Y lo peor de todo es que no había ningún bar.
Oyó voces a su espalda y vio por el rabillo del ojo una figura saliendo de las sombras de la esquina tras él.
—No tengo dinero —le dijo—, así que si quieres apuñalarme o golpearme, me saldrá gratis.
Dicho y hecho, un objeto contundente golpeó a Álex en la nuca, que empezó a caer como un árbol cortado.
Su último pensamiento antes de caer inconsciente en el suelo fue: «joder, qué diíta…».


14 jul 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 9



Pista 9: ¿El encuentro definitivo?
—¡Qué tipo más raro! ¡Croa! ¿Visteis cómo corría cuando habló con Nemo?
—Sí —reconoció Álex—. Aunque no parecía mal tipo y la publicidad gratis es… Bueno, publicidad gratis.
—¡Gñi!
—¿Ves? A Pitch también le cayó bien.
—¡Algo más en su contra! ¡Croa!
Así conversaban los Steel Bitch mientras acudían al lugar de la cita con el ancianito Osvaldo, la más reciente incorporación de la CASBA. Si dábamos crédito a sus palabras había encontrado una forma de colar a nuestro grupo favorito en el Gritz donde trabaja su sobrino y se alojan los rivales más acérrimos de Steel Bitch: los Light Silver Dominicus. Su intención, como se recordará, es derrotarlos en un duelo de rock y así autolanzarse a la fama… Pero no todo es un camino de rosas.
El hotel Gritz es uno de los edificios más altos y ampulosos de Old Pork sus cien pisos de altura están decorados con todo tipo de arcos, gárgolas y molduras góticas, combinadas de noche con luces de neón que aún no se habían encendido porque solo estaba anocheciendo. Era un hotel de cuatro ¾ estrellas donde se alojaban los visitantes más pudientes que acudían a Pork por motivos diversos, aunque normalmente no incluían el placer.
Antes de que la furgoneta de sus fans los dejase cerca de un bar en el que reponer fuerzas Osvaldo les había dicho que les esperaría cuando el sol se pusiera en la parte trasera del hotel, cerca de la entrada a las cocinas.
De hecho llegaron allí y no había nadie.
—¡Ese viejo nos ha timado! ¡Croa!
—Genutto, solo han pasado dos segundos.
—¡Dos segundos de mi vida perdidos! ¡Vámonos ya!
—Si ni siquiera hemos llegado a la puerta, seguimos andando hacia ella.
—¡Luego habrá que hacer más camino de vuelta! ¡Croa!
—¡Gñi!
—¡Cierra el pico, maldito procyon!
—¡¿Gñi?!
—Genutto, ¿qué te dije de usar palabras raras de Wikipedia?
—¿Qué me darías un premio? ¡¿Croa?!
Álex no le respondió con otra cosa que una mirada de desaprobación. Genutto ni siquiera se percató, estaba más ocupado viendo aparecer al viejo Osvaldo por la puerta de servicio.
—¡Ahí está! ¡Vamos apalizarlo por dejarnos tirados!
—No nos ha dejado tirados, ha acudido a la cita.
—¿Entonces no habrá palizas?
—No, ni tortura psicológica.
Si Genutto pudiera llorar hubiera dejado caer una lágrima, pero no podía porque es un tipo duro.
Osvaldo les llamó con la mano al fondo del callejón donde estaba la entrada a las cocinas.
—¡Por aquí, jovencitos!
Lo siguieron hasta la pared de ladrillo visto donde acababa la calleja.
—Bien, abuelo, ¿cómo piensa colarnos? —preguntó Álex.
—¿Colaros?
—En el hotel.
—¿Qué hotel?
—¡Éste! ¡El Gritz!
—Ah, sí, éste es el Gritz.
—… ¿Y bien?
—Sí, hijo, solo los achaques normales de la edad.
—No, que cómo va a hacer para colarnos.
—Ah, haber empezado por ahí —Se volvió hacia una caja que tenía a las espaldas y sacó unos fardos—. Mi sobrino os ha conseguido uniformes de camareros para que podáis subir a las habitaciones, hay tantos que no levantaréis sospechas.
Les pasó un paquete a cada uno donde había un uniforme de un color verde hierba bastante feo.
—Vamos, cambiaos, no tenemos todo el día —Cogió el cuarto paquete y se lo dio personalmente a Álex—. Toma, pequeña, espero que te quede bien.
El uniforme era similar al de los demás, pero en lugar de pantalones había una falda.
—Soy un hombre, señor.
—Oh, cierto… Es que a mi edad ya cuesta distinguir a los jóvenes de hoy en día… Bueno, lo siento, pero no tengo más.
—No, no pasa nada —lo tranquilizó Álex.
Unos minutos más tarde todos se presentaron con la nueva ropa. Álex no se había quitado las gafas de sol, al igual que Genutto y Tomás aún llevaban sus máscaras. Incluso Pitch seguía llevando su antifaz junto con el pequeño uniforme que le había conseguido Osvaldo.
—¡Gñi! —los aprobó Pitch, pero solo con un cinco raspado. Cualquier hembra de cualquier especie apenas podría encontrar aceptables aquellas prendas.
—¡No me gusta! ¡Croa! —se quejó Genutto—. ¡El pantalón me queda pequeño, la camisa grande, la tela me pica y este sobrerito es ridículo!
—Pues a mí me queda como un guante —observó Tomás.
—Bueno, basta ya de críticas —les paró Álex—. Vale que el gorrito sea ridículo, pero solo tendremos que llevarlo un rato —se volvió hacia Osvaldo—. ¿Ahora qué, abuelo?
—¿Qué?
—Que qué hacemos ahora.
—Ah, seguidme —les ordenó.
El ancianito entró por la puerta de las cocinas.
Los Steel Bitch intercambiaron miradas por un momento y en seguida Álex corrió tras él. Los demás siguieron a su líder.
▼▼▼
“Coged este carrito y así levantaréis menos sospechas”, les había dicho el viejo. “Id directos a la habitación que os he dicho y nadie se fijará en vosotros”, también les dijo. Lo que el maldito viejo no había planeado es que sus uniformes no eran de ese hotel, sino del Gritz de otra ciudad y, por tanto, mientras los suyos eran verdes con un gorrito ridículo, los verdaderos empleados llevaban elegantes uniformes azul marino. Nadie les quitaba el ojo de encima.
Un guardia con traje de al menos nueve o diez cabezas se les acercó haciendo sonar sus nudillos.
—Disculpen, caballeros, pero… —Sus ojos se abrieron como platos—. ¡Vosotros!
—¡Nudillos, viejo amigo! —le saludó Álex, intentando ser cordial.
Nudillos no respondió con la misma cordialidad. Su modus operandi fue más bien lanzarse sobre ellos como un bárbaro en modo berserker.
Antes de que les alcanzara Álex le lanzó el carrito, que le golpeó en el estómago, deteniéndolo momentáneamente.
—¡Corred! —les gritó a los demás Steel Bitch.
Se precipitaron hacia el cercano ascensor.
Nudillos se lanzó como un toro a por ellos. Por suerte Álex le dio a un botón aleatorio y las puertas se cerraron a tiempo. Se oyó un clonc lejano al otro lado.
—Jefe… —llamó Genutto mientras el ascensor subía lentamente.
—¿Qué, Genutto? —preguntó Álex, aún tenso por la huida.
—En ese carrito… iba todo nuestro dinero…
Una gota de sudor frío recorrió la espalda de Álex. Tragó saliva.
—¡Es broma! ¡Croa! ¡Nosotros no tenemos dinero! ¡Crajcrajcraj!
Antes de que Álex pudiese decir nada o incluso sentirse como un tonto el ascensor llegó a su destino y las puertas se abrieron.
Al otro lado les esperaba su viejo y bienamado amigo Bacavurra, que les saludó a su manera:
—¡Os voy a estrangular! ¡Y luego os mataré! —Era su frase favorita, la única que pronunciaba correctamente. Estaba muy orgulloso de ella.
Sin embargo antes de que pudiese hacer honor a su palabra Pitch saltó desde el hombro de Tomás y se le encaramó a la cara.
Los demás Steel Bitch no se lo pensaron dos veces y salieron corriendo del habitáculo. Genutto incluso se permitió el privilegio de darle una patada a la mole humana que constituía a Bacavurra, cuyos músculos en ese momento estaban concentrados en la titánica tarea de quitarse una mapache hembra de la cara.
Corrían en alguna dirección al azar cuando pronto Pitch se les unió de nuevo. No obstante sus correrías no duraron mucho más. Otros guardias de constitución similar al de nuestros dos buenos matones cercaron el pasillo por el que corrían. Los Steel Bitch hicieron piña listos para defenderse mientras los iban acorralando poco a poco.
Estaban a punto de plantar cara a los guardias cuando Álex exclamó:
—Eh, tíos, por aquí.
Abrió la puerta que tenía a sus espaldas y los demás le siguieron. Los guardias se quedaron con un palmo de narices. Esa posibilidad no entraba en su capacidad intelectual.
Álex atrancó la puerta.
—¡Mierda! —exclamó—. Ha ido de un pelo.
—¡Jefe! —llamó Genutto.
—Ya, ya lo sé, Genutto. En cuanto me dé la vuelta nos habremos metido en una habitación llena de guardias. Es lo que suele ocurrir en estos casos…
—No, jefe, mira…
—Ah, entonces es algo peor… Déjame pensar… ¿Una chica desnuda que nos acusará de pervertidos?
—Jefe, escuch…
—Espera, ¿varias?
—¡Patrón, son los Light Silver Dominicus! —zanjó Tomás.
Álex se volvió despacio.
Seis ojos estaban clavados en él desde el otro lado de la habitación. Jonathan el batería le miraba, Joseph el guitarra y cantante le miraba, y hubiera jurado que Jotaro, el bajo (no solo por el instrumento que tocaba), también le miraba de no haber sido por sus estrechos ojos japoneses.
—So nanoka? —preguntó.
—¡Por fin os tenemos! —exclamó Álex—. ¡Es la hora de la revancha!
—¿Perdona? —preguntó Joseph.
—Comprendo que no me hayas oído por la conmoción, tío. ¡He dicho que os retamos a un duelo de rock!
—Para empezar, ¿quiénes sois? —ayudó Jonathan.
Álex abrió la boca con incredulidad.
—¡Steel Bitch! ¡Croa! —respondió Genutto en su lugar—. ¡Vuestros eternos rivales!
Joseph y Jonathan intercambiaron miradas. Jotaro no entendía nada, así que se dedicaba a afinar su bajo.
—Disculpad, chicos —dijo por fin Joseph—, pero no sabemos de qué habláis.
De pronto la determinación de Álex cayó.
—¡N-No os hagáis los locos! —les gritó sin mucha convicción—. ¡Nos conocemos desde hace años! N-Nos debéis un duelo de…
—Lo siento —le cortó Jonathan—. ¿Podéis iros, no estamos para jugar con aficionados? Tenemos que ensayar.
—¡¿Croa…?!
El desasosiego de Álex pareció contagiarse a sus compañeros de grupo. Se miraron entre ellos sin saber bien qué hacer. ¿De verdad Light Silver Dominicus no los conocía?
De pronto la puerta de su habitación se vino abajo y entraron los gorilas.
—Disculpen, señores —dijo Nudillos—, ya nos llevamos a esta esco…
—No hace falta —les dijo Álex, cabizbajo—. Ya nos vamos nosotros.
Le apartó de un empujón y los Steel Bitch se fueron por el pasillo. Un aura tan lúgubre los rodeaba que ninguno de los diez gigantes trajeados se atrevió a intentar cortarles el paso.


16 jun 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 8

Pista 8: Recuerdos y relocos
—Casi no lo contamos —exclamó Álex, feliz—, ¿eh, Tomás? —Le dio un golpe en el brazo.
—Yo ya creía que la de ayer sería mi última enchilada, patrón —respondió Tomás, como si hablara por cumplir.
—¡A lo mejor por ese peso casi no llegamos! ¡Jajaja!—rio Álex.
—Jefe, te tiemblan las piernas —señaló Genutto.
Éstas no pudieron resistir más el peso de Álex y se dejó caer en el suelo. Aún llevaba el susto en el cuerpo y se había pasado medio día desde que los de la CASBA los dejaron en una esquina de su gusto haciendo bromas para intentar alejarlo…
—¿Está bien, patrón? —preguntó Tomás ayudándole a levantarse desde su baja posición.
Álex se puso en pie, tambaleante.
—Lo siento, chicos, aún no me encuentro bien.
—¡Cuídate, jefe! —le gritó al oído Genutto mientras le propinaba una palmada en la espalda que casi lo dejó sin respiración.
—Empieza por cuidarme tú.
Genutto se limitó a reírse.
—Bueno, vámonos, necesito un bar…
—¡Gñi!
Empezaron a andar cuando algo sonó a sus espaldas. Estaban en el Parque Periférico de Pork y el camino de piedra por el que iban estaba lleno de árboles. Genutto se volvió rápidamente al oírlo. Alguien debía esconderse entre los arbustos, pues la rápida reacción del tengu pareció sobresaltarle y se movieron aún más.
—¿Quién anda ahí? ¡Croa!
—Nadie —pareció decir un arbusto.
—Ah, me había asustado, ¡croa! —Echó a andar como si no pasara nada—. Tranquilos, no era nadie.
Álex se llevó una mano a la cara. Luego se la quitó, fue hasta los arbustos y los apartó para ver al tipo que los seguía.
Lo primero que salió fue un sombrero de paja, pegado a un tipo completamente desnudo salvo por un bañador rojo fuego y unas sandalias marrones.
—¡Croa! —exclamó Genutto al verlo.
—No hay que ponerse violentos —les sugirió el desconocido—. Me llamo Félix. Trabajo para el Porks.
—¿El periódico? ¡Croa!
—Chicos, son los medios, poneos guapos —les ordenó Álex mientras se arreglaba el escote del vestidito blanco.
—Por supuesto —afirmó Félix con orgullo—. Me estoy documentando sobre vosotros, Steel Bitch.
—¿Y qué escribe usted? ¿Artículos? ¿La sección de música? —preguntó Álex ilusionado.
—Nada de eso, escribo las novelas que regalan con el dominical.
Le dirigieron una mirada de incomprensión.
—Ésta es la última —les informó tendiéndoles un tocho de mil páginas o más cuya portada rezaba “El último suspiro estival de las antemias”—. Me gustaría escribir una basada en un grupo como vosotros.
Álex arqueó una ceja.
—Por supuesto apareceréis en los créditos y seguro que os da mucha publicidad.
—Bueno, no veo por qué no…
—Fabuloso. Tendré que entrevistaros uno a uno…
—No hay problema, vamos un momento a ese callejón a mear y así decidimos el orden.
—¡Croa! ¡La victoria será mía!
▼▼▼
—Mmh… ¿Nombre?
—Tomás Peres, para servirle a usted.
—Por su acento adivino que es usted… ¿Mexicano?
—Sí, señor, de la mismita Tlaxcala.
—Entiendo… —confirmó Félix mientras escribía en una libreta gastada—. ¿Puede contarme cómo se unió al grupo?
—Oh, señor, ésa es una historia muy larga…
—Tenemos tiempo, sus compañeros están en el bar.
—Discúlpeme, pero es que no sé por dónde empesar.
—Hágalo por el principio.
—… Como guste.
Se vio un bonito fundido en negro y apareció un cartel que rezaba “La historia de Tomás”. A partir de aquí el relato es en blanco y negro o sepia, a gusto del lector:
—Desde que era jovensito mi mamá me crió para que fuera un luchador de lucha libre, como un día lo fue mi papá, que en pas descanse.
»A los diesiséis años me convertí en el campeón de mi estado y pronto llegué a las competisiones nasionales.
—¿Y perdió?
—Por supuesto que no, oiga. Me convertí en el campeón del país. Tenía dinero a espuertas y todas las chamacas que usted pudiera imaginar.
—¿Entonces por qué?
—¿Por qué qué?
—¿Por qué dejó esa vida y se unió a un grupo de música.
—Me lesioné, en la pierna, y no pude seguir luchando.
—¿Cómo fue?
Tomás miró hacia otro lado.
—Vamos —rogó Félix—. Cuéntemelo.
Hase muchas preguntas, señor.
—¿Tú crees? Oh, vamos, es mi trabajo.
—Está bien, está bien. Me llamaban “el jaguar de Tlaxcala”. Tenía una máscara casi tan bonita como ésta —Se la señaló—, me la hiso mi mamá. También nos hiso los uniformes del grupo…
»En fin, verá… Había otro luchador, “el Puma”, le llamaban… Solo hago esto porque el patrón me lo pidió.
—Sí, sí, siga, siga.
—El Puma no jugaba limpio… En un combate amistoso, de exhibición me rompió la rodilla derecha, nunca más pude volver a subir al ring. Durante las semanas que estuve en el hospital solo pensé en vengarme de ese tipo y, como ya no podía haserlo luchando limpiamente, cuando salí decidí esperarle con una llave inglesa para darle su meresido en la calle.
Félix le miró repentinamente, sorprendido.
—Pero esa misma noche me encontré con el patrón Ales. Le conté mi historia como se la cuento a usted y me hiso ver que si seguía así solo ensusiaría mi nombre tanto como el del Puma. Así que me olvidé de mi vengansa y me uní a él y al señor Genutto.
Tomás se levantó.
—¿Algo más, señor?
—Eeeh… No, ¿siguiente?
▼▼▼
—Entonces, cuéntame cómo se formó Steel Bitch —pidió Félix.
—Bueno… —empezó Álex—. Genutto y yo nos conocemos desde niños, nuestros padres hacían negocios juntos, y siempre soñamos con formar un grupo de música.
—Ajá, ¿y de dónde salió la idea de no tocar ningún instrumento?
—De que no sabíamos, por supuesto.
—Ya, bueno, pero siga contándome…
—Verá, desde pequeño he estado muy ligado a la música. Mi padre es el dueño de las discográficas Macho.
—¿Las famosas discográficas Macho?
—Claro, mi nombre completo es Alejandro Macho Macho, mis padres son primos.
—Entiendo —Félix escribía frenéticamente en su libreta.
—Hablando de mi madre: ella consiguió que mi padre editara a regañadientes nuestro primer disco: “Steel Bitch Fux steel bitches”… ¿Quiere una copia?
—Eh… No, no, gracias. ¿En qué trabajan ahora?
—Estamos de gira indefinida y preparando nuestro segundo disco: “Drunk Rhapsodists Night Club”, será un bombazo.
—¿También lo editará su padre, el señor Macho?
—No lo creo…
—¿Por qué? ¿No le ve gancho?
—No, son problemas familiares. No le gusta mi forma de vestir, a pesar de que intento hacerle entender que soy metrosexual… Desde pequeño he sido una vergüenza para él… Por eso me fugué de casa a los dieciocho con Genutto. Encontramos a Tomás y Pitch y el resto vino solo.
—Hablando de sus compañeros… ¿Qué le pasa a Genutto en la cabeza?
—¿Por qué lo dice?
—Ya sabe… —Félix se tocó la cabeza con un dedo.
—Sigo sin pillarlo…
—Bueno, no importa, ¿y por qué un mapache?
—Ah, Pitch es un miembro importante del grupo…
—Sí, sí, pero, ¿por qué?
—Es la que más lejos mea. De hecho la conocimos en un concurso de eso cuando participamos para ganar algo de dinero.
—M-Muy bien, creo que ya hemos acabado. ¿Siguiente?
▼▼▼
—¡Croa!
—¿Qué tal, Genutto?
—Bien, bien, bien.
—Me alegro. Cuéntame, ¿cómo fue la fundación de Steel Bitch?
—Oh, conocí al jefe hace cuatrocientos años en una montaña japonesa.
Félix arqueó una ceja.
—Yo vivía allí con mi familia tengu en una mansión. Nuestros padres se conocían.
—¿En serio?
—Por supuesto. Pero yo no prestaba atención porque estaba rondando a una chica.
—¿Otra tengu?
—Sí, se llama Icaria y es periodista.
Félix puso los ojos en blanco.
—¿Y cómo te fue con ella?
—¡Somos novios! ¡Croa! Pero como estoy de gira hace tiempo que no veo a mi Aya…
—¿No se llamaba Icaria?
—No, te dije que se llamaba Aya y era líder de gimnasio pokémon.
—Entonces Aya y líder de gimnasio —Félix lo apuntó.
—¡No! ¡Que te digo que se llama Icaria! ¡Croa!
—¿Estás intentando marearme?
—¡No!
—Es igual, sigue contándome lo de la fundación.
—Eran tiempos duros, el shogunato Tokugawa estaba empezando y una de esas noches casi me ahogo con una raspa de pescado. Recuerdo que una de aquellas veces un tipo se plantó en la aldea tengu a vender enciclopedias y cogimos y le…
»… solíamos comer arroz con clavo. No, la especia no, los de hierro. Estaban ricos si les echabas…
»… ¡y cuando la vi desnuda bañándose en aquel estanque…!
»… sin duda estaban hartos de verme aparecer por allí, pero les dije “¡Eh! ¡¿No sabéis quién es mi primo?!” y los muy pardillos van y…
Varias horas más tarde…
—¡Siguiente! —rogó Félix—. ¡Por favor!
▼▼▼
—Conque… Eres un mapache, ¿no?
—¡Gñi!
—Bueno, sí, un mapache hembra. ¿Y qué tal lo llevas?
—¡Gñi!
Félix la miró sin saber cómo solventar exactamente la situación.
—¿Un poco de cecina?
—¡Gñiii! —exclamó Pitch, los ojos le brillaban.
Le dio una tira de la ya citada cecina y se puso en pie.
—Bueno, creo que ya tengo todo lo que necesito. Pondré a trabajar a mis negros.
—Espera, espera —le llamaron.
Félix se giró.
—¡A mí aún no me has entrevistado! —le avisó su interlocutor.
—… Pues yo juraría que sí.
—No, hombre, ¿estás ciego? Soy yo, Nemo, el miembro de reserva del grupo.
—Ah… ¡Oh! Claro… ¿Cómo se me ha podido olvidar?
«Síguele la corriente», pensó.
—Vamos siéntate. ¿Cómo te llamabas?
—Nemo.
—Nemo, por supuesto… Entonces cuéntame, ¿cómo es eso de ser un miembro de… reserva?
—Oh, pues simplemente espero y cuando me necesitan para tocar en alguna parte me llaman.
—¿Te llaman alguna vez?
—No, porque son imbéciles, así que tengo que ir yo mismo a recordarles que existo de verdad. ¿Te puedes creer que hasta hace un par de días no sabían que tenían un miembro de reserva?
—Es compren… Quiero decir, qué falta de respeto, ¿no?
—¡Desde luego!
—Pues no se preocupe… —empezó a decir Félix poniéndose en pie—. Les denunciaré en mi próximo libro y todo el mundo sabrá su situación.
Empezó a marcharse, pero Nemo le cogió del brazo.
—No, hombre, son capullos, pero buenos chicos. Seguro que al final me recuperan el cariño.
—Eh, sí, desde luego… ¿Sabe? Tengo prisa.
Nemo le soltó la mano y le soltó una mirada de «a éste le pasa algo en la chimenea».
Era más o menos lo que pensaba Félix mientras salía de allí a toda pastilla rumbo a su estudio.


15 may 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 7/12 de 7

Pista 7/127:Asfalto quemado al 100%
Insane seguía de paquete detrás de la furgoneta de la CASBA. Se dejó remolcar unos hectómetros más hasta conseguir colocar los pies sobre el sillín, sin soltar una mano del manillar y otra de la palanca que le mantenía unido a la furgoneta. Y entonces, con un único salto, se libró de su vehículo y saltó sobre el techo de la parte trasera, aferrándose al techo de la furgoneta.
—¿Habéis oído algo? —preguntó Álex de pronto en el interior.
—No, Patrón.
—Gñi.
—No, señor —dijo Tadeo desde la cabina.
—Te juro que no, Álex —prometió Mirelle.
—Yo hace tiempo que no oigo mucho… —ayudó Osvaldo.
Agustín y Genutto seguían concentrados en el portátil.
—Supongo que habrá sido mi imagina… —se paró repentinamente cuando le pareció oír golpes que recorrían el techo—. ¿En serio no lo oís?
Todos volvieron a responder con una negativa.
Álex se sentó y se llevó la mano a la cabeza.
—Supongo que necesito echar una cabezada… Van dos días que no dormimos.
Por desgracia sus sueños de soñar se vieron frustrados por un enorme golpe (que esta vez si oyeron todos (bueno, la mayoría…)) sobre el capó de la furgoneta y un terrible grito de Tadeo y Mirelle.
Álex se levantó sobresaltado, igual que Tomás y Pitch y cuando miró a través del parabrisas solo pudo decir:
—¡¿Otra vez tú?!
Insane se había encaramado a la parte delantera y empezaba a intentar abrir el cristal a palancazos. Tadeo movía el volante irreflexivamente intentando hacerle caer sin ver a dónde iba pues el cuerpo del detective se lo impedía.
▼▼▼
RIChY-BreeeAAAK-Bcn y tu_KeKO-poooTeeNtEE88 seguían esperando a que la chica se levantase la camiseta para empezar la carrera.
—Tío, esto es frustrante, ¿cuánto llevamos esperando?
—Epperate, quillo, ya verá’ como arrancamo’ dentro de na’ —Y como para reducir la tensión añadió—: ¿Un porrito?
RIChY-BreeeAAAK-Bcn se asomó por la ventanilla para tomar aire fresco cuando empezó a oler el humo de tu_KeKO-poooTeeNtEE88 y ya de paso aprovechó para mirar a los demás corredores.
Habría como otros veinte coches solo en esa carrera. Se habían reunido canis de todo el mundo para la gran competición de larga distancia de coches tuneados y ésta era la carrera inaugural. No obstante se hacía tarde y el público de los botellones circundantes pronto estaría demasiado borracho para apreciarla.
Tosió un poco por el humo que aprovechaba su ventanilla también para salir a tomar el fresco y de pronto escuchó gritos.
—Eh, tío, ¿oyes eso?
—¿Er jé? —preguntó tu_KeKO-poooTeeNtEE88 con una sonrisa estúpida en la cara.
RIChY-BreeeAAAK-Bcn abrió la boca, pero antes de que llegase a responder vieron como una furgoneta atravesaba a bandazos uno de los botellones, pasaba entre los coches de la línea de salida y lanzaba a la chica que debía marcar la salida por los aires.
RIChY-BreeeAAAK-Bcn sonrió. La camiseta de la chica se había levantado aunque siguiese pegada a ella, luego la carrera había empezado les gustase o no. Pisó a fondo el acelerador y salió disparado tras la furgoneta, que casualmente iba en la misma dirección.
Los demás conductores (al menos los que aún tenían coches que se movieran) lo siguieron. Unos porque también pensaron que la carrera había empezado, otros porque se aburrían y otros simplemente porque eran uno de los muchos novios de la chica atropellada y clamaban venganza.
—¡Eh!, creo que hemos chocado contra algo —exclamó Álex.
—¡No me digas! —contestó Mirelle asustada y frustrada.
—¡Callaos! —les gritó Genutto cuando su concentración se rompió momentáneamente—. ¡Casi me hacéis perder una vida!
—No molesten al señor Genutto, ya ha batido todos los récords hasta la fecha —rogó Agustín sin alzar mucho la voz—. Ahora mismo está batiendo uno de un juego que ni siquiera ha salido…
Tadeo seguía intentando deshacerse de Insane mientras éste no hacía sino golpear el cristal infructuosamente. Finalmente no fueron los volantazos del obeso conductor lo que le hizo caer, sino uno de los golpes que uno de los canis corredores propinó al lateral de la furgoneta. En ese momento el detective, que solo se sostenía con una mano, resbaló por el capó (cosa de lo más lógica por la manía que tenía Mirelle de obligar a los chicos a encerarlo cada vez que paraban) y no pudo sino agarrarse al espejo lateral del copiloto para evitar la caída.
Mirelle, al verlo por su ventanilla, dejó escapar otro grito, pero rápidamente se repuso y, tras bajar el cristal, empezó a golpearlo y arañarlo en la cara.
—¡Largo, largo! —le gritaba.
—¡Ay! ¡Ay! —se lamentaba Insane—. ¡Señorita, conténgase! ¡Soy un representante de la…! ¡Ay!
Sus dedos empezaban a flaquear. Insane lo sabía, pero resistió hasta el último momento, cuando solo el pulgar sudado y resbaladizo se interponía entre él y el suelo y en ese momento saltó. Saltó hacia un lateral y dio con el pie en la ventanilla de un coche tuning. Aprovechó para impulsarse hacia arriba, entró por el techo solar y cayó en el asiento del copiloto.
—¡Siga a esa furgoneta, jovencito! —le gritó al cani que conducía.
Éste le dirigió una mirada cargada de estupidez.
—¿’tas shala’o? —le preguntó.
Insane le sonrió.
—Eso dicen —respondió amablemente antes de darle un puñetazo en la cara.
Desde fuera la puerta del coche se abrió en plena marcha y el cuerpo inconsciente del cani cayó y rodó por la carretera. Ahora Insane estaba al volante.
▼▼▼
Verunnos, el agente, estaba a punto de terminar su guardia y la tercera caja de rosquillas, la que en ese momento se llevaba a la boca era de crema.
En la radio sonaba una canción del grupo del momento, Light Silver Dominicus, no sabía el título y apenas entendía la letra…, pero te hacía mover el pie.
La radio de policía (que, por cierto, empezó a sonar en ese momento) no causaba el mismo efecto y mucho menos con un mensaje semejante:
—A todas las unidades de la Chópnut’s, a todas las unidades de la Chópnut’s. Detectada carrera ilegal en las cercanías, salgan de ahí cagando leches, repito, cagando leches.
Verunnos estrujó tan fuerte su rosquilla que la crema le manchó el uniforme.
Casi al compás veintena y media de coches patrulla arrancaron en el aparcamiento de la Chópnut’s y se lanzaron hacia la salida a empujones de forma bastante incívica. Después de unos cuantos gritos y pullas consiguieron ordenarse para salir de dos en dos…
Por desgracia la mala fortuna se había aliado contra ellos y salieron precisamente por el sitio por el que tenían que pasar los corredores… en el momento en que estaban pasando.
Varios coches de policía, en su estrepitosa huída, colisionaron con coches tuneados de los canis. Partes incandescentes volaron por los aires. Algunas colisionaron contra la Chónut’s y estallaron destrozando varios puntos del local. Algunas ruedas ardiendo se alejaron rodando del lugar.
Los policías que quedaban, por su lado, se quedaron estupefactos observando cómo el local que les había dado muchas más alegrías que su trabajo o su familia ardía hasta los cimientos.
Verunnos alcanzó a coger la radio y decir:
—A todas las unidades, esto es personal.
El (Rollizo) Departamento de Policía de Pork no era activo, ni laborioso, ni siquiera organizado…, pero amaban a su rosquillería-charcutería y lo darían todo por vengarla.
▼▼▼
Insane conducía tranquilamente su coche tuning robado mientras escuchaba en su mp3 la banda sonora de “El Padrino”, ese día había decidido cambiar un poco.
Mantenía el paso de la furgoneta y de vez en cuando, como los demás pilotos de coches trucados, le daba un pequeño golpe para intentar hacerla salir de la carretera, pero nada serio. De vez en cuando, como también hacían los demás, eran éstos los que recibían un porrazo.
Y todo esto mientras tarareaba tranquilamente el tema de apertura.
Repentinamente escuchó sirenas a su espalda y ajustó el espejo retrovisor del que estaba colgada una estampita del cautivo. Vio varios coches patrulla que se dirigían hacia el lugar desde distintas direcciones. Les dedicó una de sus sonrisas más terribles.
—Vaya, parece que por fin vienen refuer…
No pudo terminar la frase porque uno de los coches le golpeó por atrás como a otros coches tuneados. Después de la colisión Insane agradeció llevar aún el casco de ciclista que había “requisado” junto con la bici.
En las calles de Pork, a toda velocidad, se organizó una verdadera batalla campal en la que policías y canis chocaban a muerte. La furgoneta de la CASBA (y también Insane) estaba en mitad de todo el fregado sin comerlo ni beberlo y en su interior Tadeo gritaba desesperado.
—¡Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir!
—¡No digas tonterías! —le espetó Álex intentando mantenerse en pie a pesar de los golpes periódicos—. De peores hemos salido… Al menos nosotros.
Otro golpe repentino le hizo caer de culo.
—Chico —llamó Genutto sin dejar de jugar.
—¿Sí? —le respondió Agustín intentando hablar sin emitir ruidos, lo que casi logra.
—¡Hazlos callar!
—Lo intentaré, maestro.
Se puso de pie y alzó las manos.
—Por favor… —empezó. Su voz se perdió entre el estrépito de los golpes, los vehículos pasando a toda velocidad y los gritos de diversa índole—. Por favor…
▼▼▼
Los tres Tigres Diente de Sable seguían en los tejados. Pero Gutiérrez ya dormitaba y el Abuelo Maravilla empezaba a cansarse en demasía. Solo el Teniente Ornitorrinco se mantenía fresco gracias al ejercicio diario y una sana automedicación.
Precisamente por eso fue el primero que vio pasar la larga comitiva de coches llenos de faros de neón, coches de policía y una furgoneta solitaria. Los ojos se le iluminaron y no tardó un segundo en decir:
—¡Despertad, gandules! ¡Tenemos trabajo!
Sacudió a sus dos compañeros. El Abuelo Maravilla despertó de mala gana, pero Gutiérrez amenazó con caerse debido a los meneones y no despertó hasta que el Teniente lo cogió para evitar la incidencia.
Una vez los hubo despabilado les señaló la carretera por donde se acercaban sus objetivos.
—Esos jovenzuelos están armando jaleo —les explicó—, será mejor que bajemos a darles una lección.
—Todavía están en el territorio de los Alegres Superhéroes Cantores, seguro que se nos adelantan —se lamentó el Abuelo Maravilla.
—¿Esos mariposones? —gritó el Teniente Ornitorrinco—. ¡Sobre mi cadáver! —Y diciendo esto se lanzó por el borde del edificio y voló hacia la turba.
El Abuelo no tuvo más remedio que seguirlo. Avanzó unos pocos metros antes de darse cuenta de que Gutiérrez se había vuelto a dormir. Volvió, lo despertó y juntos volaron en pos del Teniente.
▼▼▼
Verunnos había reconocido la matrícula entre la multitud de vehículos a toda leche. La hubiera reconocido en mitad de un tornado especialmente violento. La recitaba cada noche mil veces antes de irse a dormir.
Él no había visto la furgoneta de aquellos vándalos que le arrearon en la cabeza, pero le habían dicho la matrícula y no la olvidaba.
Esquivando a los demás vehículos se fue acercando poco a poco a la furgoneta. Cuando por fin consiguió colocarse en línea directa con ella no tuvo más que pisar un poco el acelerador. El sonido del fuerte choque le hizo sentirse un hombre nuevo, pero su venganza no terminaba ahí.
Algo muy distinto debió sentir Genutto en el interior de la furgoneta cuando el estré-pito hizo que el portátil se le resbalase de las manos y diese con el suelo. A conse-cuencia de esto se apagó y se perdió toda la partida. Esto tuvo a su vez una ramificación de resultados: por un lado Agustín abrió mucho, mucho la boca y miró a Genutto esperando su reacción y éste volvió a nuestro mundo de bastante mal humor.
—¡Croaaaaah! —clamó, con la nariz apuntando al techo y los puños cerrados con tanta fuerza que se clavó las uñas.
Se encaminó hacia la cabina todo lo rápido que pudo y se colocó tras el asiento del ya saturado Tadeo, gritándole al oído:
—¡Croa! ¡¿Qué haces?!
—¡Conducir! —le respondió Tadeo, ya con lágrimas en los ojos.
—¡Eso pensaba yo! ¡Croa! ¡Quita, bola de sebo! ¡Conduzco yo!
—Pero, pero…
Tadeo no tuvo tiempo de replicar antes de que Genutto lo arrastrara fuera del asiento para colocarse él en su lugar. Mirelle no pudo hacer otra cosa que mirarlos con la boca abierta, tantas emociones la habían dejado en estado de shock.
Genutto miró por el parabrisas y lo que vio le gustó. Decenas de coches a su alre-dedor chocando contra ellos y entre ellos. Harían falta muchas series de movimientos difíciles para esquivarlo todo… Quizá Genutto no había vuelto totalmente a este mundo, pues empezó a verlo todo como un juego especialmente difícil.
Jugaba con el volante, los pedales, las palancas y entre derrapadas, cambios de velocidad y juegos de ruedas buscaba los recovecos entre los coches para escapar de las embestidas. Tadeo, desde el suelo, le seguía mirando sorprendido.
—¡Croa! —gritaba entre tanto el nuevo conductor—. ¿Cómo se dispara? ¿Y por qué mi hitbox es tan grande? ¡Croacroa!
Dio un ligero giro de volante para esquivar a un coche que daba vueltas de campana, solo rozando ligeramente a otro que pasaba cerca, le arrancó uno de los retrovisores.
—¡Bien! ¡Más puntos de roce para papá! —exclamó—. ¡Croa!
Cuando hubo conseguido dejar atrás la nube de coches en liza pisó a fondo el acelerador y se alejó en línea recta a tal velocidad que todos los demás pasajeros tuvieron que agarrarse a lo que pudieron.
Una vez estuvo tan lejos de los demás que apenas se les veía frenó repentinamente, haciendo que varias personas y cosas se desplazaran en el interior de la furgoneta.
—¿P-Por qué frenas ahora? —preguntó Mirelle, que ya se había recuperado—. ¡Nos van a coger!
—¡Ahora aparece el jefe del nivel! ¡Croa!
Mirelle le dirigió una mirada estúpida.
—¿Ves? —le señaló Genutto.
Los Tigres Dientes de Sable habían bajado de su edificio y esperaban pacientemente al primer vehículo que llegase. Miraban expectantes a la furgoneta.
—Aquí no hay diálogo… —se quejó Genutto—. Bah, mejor.
Aceleró un par de veces para retar a los viejos.
—Vamos, chicos —les dijo el Teniente—. Como lo hemos ensayado.
El Abuelo asintió, Gutiérrez solo se dedicó a mirar la nada.
A parte de volar no tenían ningún otro súper poder (e incluso tenían que compartirlo), pero lo que sí tenían era mucho tiempo libre y dinero fácil. A una orden del Teniente los tres sacaron de algún recóndito lugar de sus altos pantalones sendos rifles láser enormes. Los había construido Gutiérrez con sus propias manos en clase de manualidades de la residencia para superhéroes mayores.
A otra orden suya empezaron a disparar contra la furgoneta grandes bolas de energía capaces de hervir a una persona.
Genutto no hizo nada sino, obviamente, intentar esquivar esas cosas como un loco. Aún a pesar de que le llegaban de tres direcciones distintas continuaba esquivando y resistiendo sin dejar que lo acorralaran.
—¡Rápido! —les apremió—. ¡Dadme algo para tirar!
Tadeo se sacó del bolsillo una cadena y se la tendió.
Genutto dedicó unos segundos de su atención a dirigirle una mirada de ira y a arrojarle la cadena a la cabeza.
—¡Digo para lanzar! ¡Necesito algo pesado!
Agustín se adelantó con el portátil en las manos.
—Tenga, maestro —dijo a Genutto tendiéndoselo—. Se ha estropeado.
—Servirá —aceptó Genutto.
Lo cogió con una mano y con la otra bajó la ventanilla. Sacó medio cuerpo fuera, portátil incluido y entonces, tras apuntar un segundo…
Una pesada masa de plástico y circuitos se dirigió directamente hacia la cabeza Gutiérrez. Seguramente el golpe hubiera sido más leve si el ordenador no hubiese llevado Vista instalado.
Al ver cómo su compañero caía los otros dos súper ancianos se lanzaron a por él al grito de “¡Gutiérrez!” cosa que aprovechó Genutto para salir por patas.
—¡Croa! ¡Seguro que me dan 50.000 puntos por lo menos!
Genutto se levantó y habló a Tadeo mientras volvía a su sitio.
—Toda tuya, chico.
Mientras Tadeo volvía a sentarse se oyó a sus espaldas la voz de Tomás, que ahora mismo estaba asomado a la ventanilla trasera.
—Hay que salir ahorititita —avisó—, esos indeseables de los coches ya están al llegar.
Tadeo comprobó que tenía razón en el espejo retrovisor: aun peleando entre ellos y entrechocando continuamente al menos quince coches entre ambos bandos seguían el camino que ellos habían seguido, probablemente les estaban persiguiendo. Desde luego esto no contribuyó a que estuviese menos nervioso así que fue normal que acelerase de pronto y Genutto se diese en la cabeza mientras andaba, pura coincidencia.
No obstante no se atrevía a ir demasiado rápido y la pesada furgoneta apenas podía sacar ventaja a los perseguidores como había conseguido Genutto.
▼▼▼
—¡Eh, mira! —gritó RIChY-BreeeAAAK-Bcn—. Nos acercamos a la curva de la muerte.
tu_KeKO-poooTeeNtEE88 dejó escapar una risa estúpida.
—Un momento… ¿Qué le ha pasado a la Curva de la Muerte? Solo hay un precipicio.
—Se murió —respondió tu_KeKO-poooTeeNtEE88.
Una enorme grieta de varios metros de ancho separaba en dos la carretera. La furgoneta y su particular séquito iban directos hacia ella, no había vuelta atrás.
—¡Va a saltar!
La furgoneta, conducida por Tadeo, aprovechó que la carretera hacía una ligera pendiente para usarla como rampa. A pesar del peso consiguió cruzar al otro lado y alejarse.
Al verlo muchos coches frenaron. Algunos derraparon y chocaron explosivamente contra los edificios. Pero otros, suficientes, pensaron «Si ellos pueden, ¿por qué yo no?». RIChY-BreeeAAAK-Bcn fue uno de ellos. Se agarró bien al volante y pisó a fondo. Se hubiera puesto el cinturón de seguridad de haber tenido.
—¡Joé, quillo, frénate! —le sugirió tu_KeKO-poooTeeNtEE88, pero lo que corría por sus venas ya no era sangre sino óxido nitroso.
Llegó junto al precipicio y saltó. Otros hicieron lo mismo.
—¡Vamos a cruzar, tío! ¡Vamos a…!
Por el rabillo del ojo vio otro coche a su derecha. De su techo salió un tipo vestido con una gabardina y un casco de ciclista. Haciendo uso de una agilidad fuera de lo común saltó sobre el coche de los dos canis, que estaba más alto.
—¡Aaaaah! —gritaron ambos mientras el exceso de peso les hacía caer demasiado rápido como para alcanzar el otro extremo.
En el momento justo, cuando la distancia era lo suficientemente corta, el tipo de la gabardina saltó, cayendo más o menos estrepitosamente en el otro extremo.
tu_KeKO-poooTeeNtEE88 y RIChY-BreeeAAAK-Bcn se mataron en la Curva de la Muerte, como tantos otros.


15 abr 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 5/12 de 7

Pista 5/127:Asfalto quemado al 45%

Este mes no hay música, pero todo tiene su explicación.
El texto correspondiente al séptimo tema resultó tan largo que no quedó otra que dividirlo en dos partes. De modo que la segunda parte se publicará el mes que viene y con ella la canción correspondiente, que sé que la estáis esperando, bribones.
Ahora os dejo con los cinco primeros doceavos de la séptima pista:

—¡Anchainer! —gritó Agustín cuando Tadeo arrancó de golpe y se dio con la cabeza en la pared de la furgoneta.
—¡No sé lo que significa eso! —le gritó Genutto—. ¡Pero la tuya más! ¡Croa!
—¿Por qué no juegas un rato al ordenador y te distraes, Genutto? —le preguntó Álex con la esperanza de que se le pasaran los nervios, había estado peor de lo normal desde aquel palancazo en la cabeza.
—¡Cierto! Tú, colga’o, ¿tienes ya algún danmaku?
—S-Solo el “Perfect Cherry Blossom”, señor…
—¡Basura! Pásame el portátil, voy a descargarme el “Imperishable Night”, ¿alguien se apunta?
Todos respondieron negativamente.
—Rajados… ¡Tampoco iba a compartirlo con vosotros! —miró con rabia a Agustín a través de la máscara—. Es mío.
Éste sintió cómo una gota de sudor frío recorría su espalda.
Mientras Genutto pugnaba buscando en Internet, los demás dedicaron su tiempo a cosas más provechosas como averiguar cómo sentarse con tantas cadenas encima.
▼▼▼
En otro punto de la ciudad Insane había logrado un vehículo por el simple método de liberarlo a palancazos aprovechando la oscuridad reinante.
Se alejó a toda velocidad mientras sonaba un “ring, ring” que precedió a unas carcajadas histéricas.
▼▼▼
Mirelle terminó de romper las últimas cadenas tirando fuertemente de ellas y ayudándose con los dientes. Cuando por fin se separaron los eslabones, profirió un fuerte aullido y cayó al suelo agotada.
—¿Veis? Os dije que las mujeres arreglábamos estas cosas con maña más que con fuerza.
Tomás se alejó disimuladamente, todos los demás tragaron saliva, salvo Genutto que se acercaba peligrosamente a los 100.000.000 puntos entre graznidos.
Álex también intentaba retirarse subrepticiamente al fondo de la furgoneta, cuando notó una mano en su hombro. Se volvió y, efectivamente, era la chica más guapa de la CASBA (también era la más fea porque no había otra, pero eso son detalles sin importancia).
—Y-Yo… —empezó Mirelle, toda colorada y mirándose los pies.
Álex, sin saber muy bien por qué, intentó ayudar:
—¿Te pasa algo, Mirelle? ¿Quieres una aspirina?
—¡No! —gritó ella, pero se tapó la boca con las manos al darse cuenta del tono de su voz—. T-Tengo algo importante que…
—¿Que darme? Soy todo bolsillos.
—No, no… Que decirte.
—Oh, entonces soy todo oídos… En sentido figurado.
—Álex, tú… —empezó, vacilante—. Me gustas…
▼▼▼
—¿Y cuándo dices que salimos? —preguntó RIChY-BreeeAAAK-Bcn a tu_KeKO-poooTeeNtEE88.
—Te lo he repetí’o mir veces, tío, cuando la pájara d’ahí delante se levante la camiseta.
—Oh, ¿y cómo decías que se ganaba?
tu_KeKO-poooTeeNtEE88 se llevó una mano a la cara.
—No te güervo a de desí que gana er que quede vivo endeppué’ de pasar la Curva de la Muerte.
—No tiene un nombre demasiado prometedor.
—¿En verdá que quiere’ conducir tú?
—De verdad, sí.
—¿Por qué le jaría caso a mamá…?
▼▼▼
—Espera, espera… —interrumpió Álex mientras Mirelle le dirigía miradas dudosas y apremiantes—. ¿Te refieres gustar como al que le gusta la tarta de queso o gustar como una chica a un chico?
—O como una chica a una chica.
—Oh… Me lo temía…
—¿Qué pasa? ¿No te parezco guapa?
—No, no es eso… Es que apenas nos conocemos…
Se oyó de fondo una risita de Genutto que había oído eso incluso por encima de la música a todo volumen.
—Ya, ya sé lo que pasa… —dijo Mirelle mirando a otra dirección—. No tenemos la misma orientación…
—¿Qué? ¡Sí! ¡Claro que sí! ¿De dónde sacas que no? ¿Es por mi ropa?
—¡Entonces es que no te parezco guapa! —gritó mientras sus ojos se humedecían.
—No, esto… Eres muy guapa, pero…
—¿Pero qué? —preguntó dejando caer regueros lacrimosos.
—N-No estoy en condiciones de tener una… relación formal o como demonios las llamen.
Mirelle sonrió un poco y se enjugó las lágrimas.
Entiendo —dijo—, pero algún día te seduciré y serás só-lo-mí-a —Guiñó un ojo.
Álex sintió un escalofrío.
—¿Tuya?
Mirelle asintió con una sonrisa y volvió a la cabina.
—¡Písale a fondo, Tadeo!
Álex se quedó plantado en el sitio, consiguió girar la cabeza para buscara apoyo en la figura de Tomás. Este lo miró y, como para tranquilizarlo, se tocó la cabeza con el dedo índice.
▼▼▼
El agente Verunnos había sido transferido desde aquella pequeña comisaría de provincias al mismo centro de la capital cuando aquellos individuos se le escaparon después de que aquel chaval rarito le dejara K. O. con su propio caballito. No era ni por asomo un ascenso, el centro de Pork era tan peligroso que los policías tenían que andarse con mucho ojo para no toparse con ningún maleante… “Que se encarguen los superhéroes”, como rezaba en sus placas.
La principal función del RDPP (Rollizo Departamento de Policía de Pork (la R- la había añadido hacía pocos meses un vándalo con mucha habilidad y botes de esprái)) era atiborrarse de rosquillas. De hecho, a menudo, como en ese mismo momento, organizaban quedadas frente a la mejor tienda de rosquillas de Pork: la Chópnut’s. Allí freían la masa con auténtica grasa de cerdo y te regalaban un poco de tocino con cada caja que comprabas, además de servir de granja de cerdos —de los de verdad, no solo los policías—y carnicería. El sistema era tan simple como aparcar dos o tres decenas de coches de policía delante de la tienda hasta que se acababa el stock de esa noche. Entre tanto, alguien vigilaba por si venían criminales y así poder salir por patas.
Y en una de esas precisamente se encontraba nuestro Verunnos, concretamente volviendo a su coche patrulla con una nutrida remesa de rosquillas.
Tuvo que quitarse la alta gorra modelo siglo XIX para entrar por la puerta y acomodar primero las cajas en el asiento del copiloto —hacía patrulla solo— y después de eso encontrar la forma de evitar que el volante se le clavara demasiado en la ingente barriga que había desarrollado en los pocos días que se había dado a la vida Porkiana. Una vez cómodo, simplemente empezó por una de frambuesa.
▼▼▼
—¿A dónde vamos, chicos? —les preguntó Tadeo—. Supongo que ya hemos dado esquinazo a ese tipo…, pero con lo cara que está la gasolina no creo que salga barato estar todo el rato dando vuel…
—¡No los atosigues! —le interrumpió Mirelle, regañándole—. Cuando sepan dónde quieren ir, te lo dirán.
—El caso es que sí sabemos dónde queremos ir… —dijo Álex.
—¿A dón..? —empezó Tadeo.
—¿A dónde, Álex? —volvió a interrumpir Mirelle con una sonrisa.
—A dónde quiera que estén los Light Silver Dominicus.
—¡Light Silver Dominicus! —gritó Agustín distrayéndose por un segundo de su portátil al cual Genutto aporreaba las teclas consiguiendo aumentar su ansiedad.
—¡Son el mejor grupo del mundo! —estalló Mirelle, pero entonces cayó en la cuenta y se llevó la mano a la boca—. Después de vosotros, claro…
—El caso es que no sabemos dónde están —continuó Álex haciéndose el loco—. ¿Alguna idea?
—No, lo siento.
—No, señor.
—… no.
—Qué pena…
—Yo sí lo sé, jovencito.
Álex oyó la voz proveniente de su espalda y se giró para ver a un anciano que debía haber estado sentado en uno de los laterales de la furgoneta cerca de la puerta, pero que, por razones ignotas, no había visto en todo ese rato.
—¿Quién es usted, abuelo? —le preguntó.
—Se hace llamar Osvaldo —respondió por él Mirelle—. Se nos unió ayer, después del concierto. Dice que le encantáis.
—Sí, sí, tengo vuestro disco —les dijo Osvaldo—, se lo compré a aquel caballero del ordenador.
Genutto ni siquiera se percató de que el mundo existía.
—Me gusta mucho la música —continuó explicando Osvaldo—, pero odio que los músicos hagan ruido. Vosotros habéis sido una brisa fresca en mi dolorosa vejez. Justo cuando compré vuestro disco me iba al campo para esperar la muerte, pero decidí seguiros hasta aquí.
—¿Y dice usted que sabe dónde están los Light Silver Dominicus?
—Oh, sí.
Álex esperó unos segundos en silencio.
—¿Y bien? —preguntó al cabo.
—Sí, solo sufro un poco de piedra.
—No, quiero decir que dónde están.
—Haber empezado por ahí, jovenzuelo. ¡Jajaja!
—Vamos, vamos, dígalo de una vez.
—Bien, no solo sé dónde están sino también cómo llegar hasta ellos…
—Sí, eso está bien… Y usted sabe que…
—Que están en el hotel Gritz de Pork, en la suit acolchada para grupos.
—Y podemos entrar por…
—¡Por una salida de emergencia secreta que mi sobrino conoce!
▼▼▼
Los Tigres Diente de Sable vigilaban desde los tejados.
—Estos tiempos ya no son los de antes… No entiendo por qué esos jovenzuelos tienen que dejar de trabajar de noche. A mi edad…
—Ya estamos hartos de esa historia.
—Pero es que a mi edad trabajábamos días enteros sin descanso ni…
—Que ya la sabemos, ¿verdad, Gutiérrez?
Gutiérrez podría haber pasado por un simple ancianito con muletas si no fuera por el hecho de que llevaba un ostentoso traje azul y amarillo con una larga capa. Como era costumbre llevaba la ropa interior por fuera, pero, eso sí, bien arriba.
—No, Marta, no quiero más, estoy lleno —se limitó a responder.
—Tú siempre tan sarcástico… —le replicó el Abuelo Maravilla.
Éste simplemente vestía un traje de cuero típico de los justicieros, aunque con los pantalones por los sobacos, un pañuelo blanco asomando del bolsillo y mocasines. Al contrario que sus dos compañeros había empezado su carrera de superhéroe a avanzada edad, de ahí su nombre artístico.
—Pues es un aburrimiento tener que estar aquí haciendo patrulla si no hay obras y no queréis escuchar mis anécdotas… Tan aburrido como aquella vez en el 73 que…
—Ya está bien, Teniente Ornitorrinco.
Este, el Teniente Ornitorrinco, se limitaba a llevar su antiguo uniforme del ejército acompañado de una larga capa roja y remendada, un bastón (como el del Abuelo Maravilla) y un antifaz. Las mangas del uniforme estaba rota y en uno de sus brazos se leía un tatuaje que rezaba “Vida Delictiva”.
Estaban vigilando el tráfico de esa zona de la ciudad, como todas las noches, porque era la más calmada y ningún otro héroe la quería. Como el Teniente Ornitorrinco solía decir: “esos jovencitos solo quieren fama y fortuna y facinerosos y otras cosas que empiezan por efe como foll… ¡Si hubiesen vivido lo que yo en el 45! ¿Os lo he contado alguna vez? …”.
▼▼▼
Tadeo conducía tranquilo por fin. La hermanita Mirelle estaba distraída arreglándose las uñas, Agustín vigilaba a Genutto, Genutto jugaba, Tomás y Pitch observaban, y Álex y Osvaldo eran observados. Tadeo solo conducía escuchando “Steel Bitch Fux steel bitches” en el reproductor de la furgoneta. Tranquilo…
Por eso se lo tomó con calma cuando oyó unos golpecitos en la ventanilla. Simplemente se giró despacio y vio cómo un tipo con gabardina gris y un sombrero estrujado bajo un casco de ciclista daba los susodichos golpecitos en el cristal con una palanca de metal. Y más que pudiera alcanzar a una furgoneta simplemente pedaleando en una bici lo que más sobresaltó a Tadeo fue la sonrisa tan alegre como demente que le dirigió y el ligero “ring, ring” que usó a modo de saludo.
Las pupilas del conductor se expandieron casi tanto como sus fosas nasales ante la sorpresa. Mientras su cara sufría esperpénticas convulsiones Insane le hizo gestos circulares para que bajara la ventanilla.
—H-Hermanita… —llamó Tadeo.
—¿Sí? —dijo Mirelle, distraída—. ¿Qué pasa?
—Ha-Hay un señor ahí fuera que quiere decirnos algo.
Mirelle subió la vista y miró por la ventanilla del conductor. Apenas se inmutó al ver a Insane.
—Bueno, pues pregúntale qué quiere.
Tadeo tragó saliva y bajó la ventanilla.
—Bu-Buenas, noches, señor ciclista.
—Buenas noches, buen hombre, queda usted detenido por complicidad, resistencia a la autoridad y fuga. Por favor, pare para que pueda arrestarlos —no había rastro de ironía ni condescendencia en su voz. Era una voz alegre y plenamente convencida de la buena voluntad de Tadeo.
—Un momento —Tadeo se giró hacia Mirelle—. Dice que quiere que pare para detenernos… ¿Qué hago?
—¡Sácalo de la carretera!
—Está bien —Se volvió hacia Insane—. Lo siento, señor ciclista, hasta otra.
Dio un fuerte volantazo que golpeó a Insane, pero éste logró resistir el envite aferrándose al margen de la furgoneta con la palanca mientras le adelantaban. Cuando casi había pasado, rápido como una bala, agarró el parachoques trasero y se dejó remolcar mientras pensaba la forma de terminar la detención.


13 mar 2011

Drunk Rhapsodists Night Club - 6



Pista 6: Rivales y aliados
Insane terminó de ponerle las esposas a Álex y miró a su alrededor: Tomás y Genutto también estaban esposados, de manos y pies, incluso había puesto bozal y correa a Pitch. Éstos tres aún dormían plácidamente, aunque ya no sangraban.
—Parece que sus amigos tardarán un rato en despertar, …señor —le dijo Insane— y no pienso cargar con ellos hasta la comisaría así que esperaremos lo que haga falta. ¡Si no se despiertan hasta el juicio final seguiré aquí esperando!
Álex intentó alejarse un paso ante esta repentina declaración. Rápidamente Insane le cogió del brazo y le dirigió una peligrosa sonrisa de demente.
—¿Va a alguna parte?
Álex negó con la cabeza.
—Bien, siéntese y póngase cómodo, vamos a pasar bastante tiempo juntos.
Álex se dejó caer rápidamente en el suelo y se sentó juntando las piernas para evitar que se le viese la ropa interior. Insane se apoyó en el tronco de un árbol y encendió un cigarrillo.
Pasaron un largo rato en silencio mientras Álex miraba a la nada e Insane daba caladas.
—¿Fuma? —preguntó éste al cabo de un rato.
—¿Perdón?
—Que si fuma.
—Oh… Sí.
—Tenga —le dijo lanzándole un paquete de tabaco y un encendedor.
Álex los cogió al vuelo aun esposado y le miró intrigado.
—Mi mujer siempre decía que acabaría matándome y es hora de que empiece a hacerle caso —le explicó—. Lo gracioso del tema es que al final la mató a ella —dijo mientras soltaba una carcajada.
Álex se estremeció mientras Insane se reía y alcanzó a preguntar.
—¿T-También fumaba?
—Oh, no, la asaltaron los amigos de un tipo que había metido en chirona cuando iba a comprarme un paquete… ¿No es irónico? ¡Dicen que por eso se me fue la cabeza!
Los estremecimientos de Álex aumentaron. Insane se rio un poco más y paró repentinamente.
—Es broma chaval —le explicó—; nunca he estado casado.
Eso no tranquilizó del todo a Álex.
—Ustedes aún son unos chavales, ¿cómo han acabado con tantas deudas con la justicia? —le preguntó Insane, distraído y mirando en otra dirección… quizá incluso pensando en otra cosa.
—La vida de músico independiente… —le respondió Álex, dudoso—, que es muy dura.
—Entiendo, yo también tocaba en un grupo de joven…
—¿En serio?
—No, la única música que me gusta son las BSO de cine negro. Ah, el “Halcón Maltés”…
—En realidad nosotros tampoco tocamos…
—Explíquese, señor.
—Pues eso: somos un grupo de música, pero no tocamos ningún instrumento… Ni sabemos.
—Válgame el cielo… ¡Eso es una sandez!
—¡No lo es! ¡Podemos ser los mejores!
—Un grupo de música tiene que hacer música…
—No es cierto. Somos un grupo de música porque nos sentimos así hasta en la médula de los huesos y nos da igual quién se ponga delante cuando hay que demostrarlo. ¿A que sí Genut…? Oh.
Insane sonrió y dejó escapar una carcajada demente.
—¡No está mal, caballeros, tienen ustedes espíritu! Y dígame señor…
—Álex.
—Señor Álex, ¿cómo pretende usted demostrar que son un grupo de música?
—No necesitamos demostrarlo… Tenemos un disco… y fans.
—Replantearé mi pregunta… ¿Cómo piensan ustedes alcanzar la fama que tan merecida tienen? Como mínimo son dignos de un circo.
—¡Eh!
—Lo siento, lo siento. Quiero decir que… son ustedes bastante… extravagantes.
—Es nuestra imagen de grupo… Pero ya se nos ha hecho cómoda y vamos así a todas partes.
—Entiendo… Pero aún no me ha respondido, ¿cómo pretenden llegar al estrellato?
Álex le dirigió una mirada desafiante.
—Derrotando a nuestros rivales.
—¿Rivales?
—Sí, un grupo de música rival… La suerte les ha sonreído más que a nosotros, pero sabemos que temen el día en el que los confrontemos.
—Preguntaría quiénes son, pero posiblemente los desconozca… Ya le he comentado antes mis gustos musicales.
—Quizá te suene: se hacen llamar Light Silver Dominicus.
De la sorpresa a Insane se le atragantó una calada y casi muere entre toses… Bueno, quizá “morir” sea exagerar un poco, pero lo pasó mal.
—Mierda, claro que los conozco… ¡Son la polla en vinagre! No es que los escuche a menudo, pero he de reconocer que no hay grupo vivo que se les compare… Sobre todo por sus reinvenciones de los clásicos del cine negro.
—Excepto nosotros.
—Oh, sí, les había pasado por alto… Cuán despistado soy. Supongo que es la maldición de los genios.
—¿Perdón, decía algo? Creo que me he despistado.
—Como iba diciendo, ¿los de Light Silver Dominicus les conocen? ¿La rivalidad es mutua?
—Por supuesto, desde hace años. Pero como rara vez coincidimos hace tiempo que no nos batimos.
—¿Y por qué simplemente no hablan con ellos para que les den un empujón a la fama si tan amigos son?
—¡Porque Steel Bitch no funciona así!
—¡No! ¡Croa!
Ambos se volvieron hacia Genutto. Estaba dormido como un tronco y hablaba en sueños.
—¡Sírvame más de esa carne de cadáver! —gritó.
—Bueno, se ha acabado la siesta, caballeros —informó Insane caminando hacia ellos y empezando a empujarlos con el pie.
—No conseguirá nada así —le dijo Álex poniéndose en pie—. Se hace así:
Diciendo esto se agachó, cogió el cigarrillo de su boca y se lo puso a Genutto en la nuca.
—¡Croaaa!
—¿Ve?
—Impresionante —reconoció Insane.
—¿Ya es por la mañana? ¿Dónde está mi desayuno? ¡Croa! ¿Por qué me duele tanto la cabeza? ¡Croacroa! ¡Acabaré contigo! ¡Después del desayuno! ¡¿Dónde está mi desayuno?!
—Siempre se despierta así… —suspiró Álex.
—No hay desayuno, bella durmiente, aún son las cuatro de la madrugada. Ahora camino a la comisaría no tengo todo el dí… noche. Toda la noche.
Genutto le dirigió una mirada de soslayo y apuntó con su descomunal nariz hacia el cielo.
—Solo iré si hay comida.
—…por supuesto, a montones —mintió Insane.
—Entonces vale —se dispuso Genutto.
Álex se llevó la mano a la cara.
—No va a llevarnos a comer, Genutto, está deteniéndonos.
Genutto se volvió hacia Insane.
—¿Es eso cierto, perfecto desconocido que me dio con una palanca en la cabeza?
Insane no tuvo más remedio que asentir.
—¡Me has defraudado! ¡Croa! ¡Éramos amigos!
—Disculpe, pero no, no lo éramos.
—¿Al menos habrá ordenadores?
—Lo dudo mucho.
Genutto se sentó y miró en otra dirección.
—No se me enfurruñe, caballero.
Genutto no respondió.
—Vamos, no sea malo.
—¡Yo quiero mi desayuno nocturno! —gritó Genutto para luego levantarse y salir corriendo.
Insane se lanzó a la carrera tras él al grito de:
—¡Alto a la autoridad!
Mientras tanto Álex agitó un poco a Tomás, que se despertó con un “Mpf…”.
Pitch ya llevaba rato despierta, es de hábitos nocturnos… pero estaba observando la situación.
▼▼▼
—No, no somos ni cordero ni chuleta… —cantaban a “coro” los miembros de Steel Bitch entre gruñidos, gritos guturales y ¡croas!.
—¿Y ustedes se hacen llamar grupo de música? —les preguntó Insane—. Usted, señorita, no deja de desafinar.
—¡Gñi!
—Ni mapache ni leches, otra vez, desde arriba.
La cadena de presos que ahora conformaba nuestro grupo de música, unidos entre ellos por grilletes en cuello y pies —salvo Pitch a quien Insane llevaba con una correa— volvieron a prorrumpir en una algarabía cacofónica difícilmente considerable como música.
—Aún les queda mucho, pero verán cómo en el coro voluntario obligatorio de la cárcel les curten. Van a tener mucho, mucho tiempo para ensayar —les aseguró—. ¡Y caminen más rápido, gandules!
Álex, que iba el último de la columna por ser el que más problemas daba cayó de rodillas jadeando e interrumpiendo la marcha de los demás.
Insane no tardó en percatarse de que el asunto no avanzaba y corrió rápidamente a la cola de la fila.
—Vamos, ¿qué le ocurre a usted? ¿Piensa pasarse así toda la noche?
—N-No… No… —tentó Álex.
—¿No qué, señor?
—No puedo cantar más…
—¿Ah, no? Pues a partir de ahora usted hará los acentos.
—No, por Diox, piedad.
—Vamos, en pie, andando y cantando. Un, dos, un, dos, tres y…
No oyó ningún sonido. Se dio la vuelta rápidamente y comprobó que los tres habían salido corriendo aún unidos por sus cadenas. No es un espectáculo desdeñable ver a tres personas con los pies encadenados entre ellos pugnando por correr a la máxima velocidad posible.
—Maldición sabía que tenía que habérmelos esposado…
Pitch aprovechó la momentánea confusión de Insane para arañarle las piernas y salir corriendo detrás de sus compañeros con correa y todo.
El detective se dispuso a ir en pos de ellos cuando vio cómo una furgoneta se detenía en la esquina por la que estaban a punto de doblar los miembros de Steel Bitch y una bella jovencita de ingente busto les “ayudaba” a subir por el viejo método de propinar tirones aleatorios hacia arriba. Cuando la furgoneta volvió a arrancar y se perdió a lo lejos ya tendría dos enormes marcas si los ojos de Insane fueran láseres mortales, pero no lo eran, aunque se acercaban.
—Conque cómplices, ¿no, caballeros? Bien, supongo que ha llegado el momento de ponerse serios.
Era verano y no había ninguna nube de tormenta, pero el cielo se dignó a conceder un solitario trueno al detective para aumentar la sensación dramática.